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Profesionalismo e institucionalidad

Profesionalismo e institucionalidad
A una generación de bolivianos nos tocó vivir en sistemas autoritarios de gobiernos, por una parte, y en un proceso de guerrillas, por otra, donde perdimos amigos y compañeros, en todo el esplendor de una hermosa juventud.

La lucha por la democracia fue durísima y heroica, fortaleciendo a cada paso la esperanza, tendente a que todo políticamente fuera mejor. Soñamos que la sumisión terminaría cuando se producirían cambios de guardia o ficciones democráticas. 
 
Conocimos lo que fueron prisiones, torturas, vida clandestina, exilios y vinos cómo todo esto terminó con la sustitución que en su lugar se lograría la democracia, que los derechos fundamentales serían reconocidos y protegidos, que los partidos políticos funcionarían como actores de la política, que la opinión pública no sufriría deformaciones ni sería objeto de manipulaciones, que la justicia proporcionaría una tutela amplia y eficaz. En suma: que todos los bolivianos nos comportaríamos en el Estado de Derecho. 
 
Estos antecedentes nos hacen reflexionar que,  a pesar que desde octubre de 1982 resucitó la democracia y ella aún existe, la vida discurre en libertad y con participación de la ciudadanía a través del voto para elegir a sus gobernantes. No es menos cierto que para gruesos sectores de la población y de opinión campea una gran desilusión y frustración.
 
Observamos que la nueva Constitución y sus leyes complementarias  no bastan para que los ciudadanos marchen por la vía democrática. El sistema judicial se ha deteriorado ostensiblemente. Están presentes en el Estado manías autoritarias, cargadas de sed de venganza. Requerimos nuevos esfuerzos para la paz, la tolerancia y el entendimiento, precisamente ahora que el mundo nos enseña nuevos derroteros para el desarrollo económico y la equidad social. 
 
El ser humano puede, en determinadas circunstancias, cambiar en forma brusca sus instituciones políticas; sin embargo, la mutación de las leyes y de su derecho privado se hace con lentitud y de modo gradual. En consecuencia, tendrá que pasar un buen tiempo hasta que los bolivianos que padecieron las dictaduras sean una minoría irrelevante en la población activa y recién las nuevas generaciones, sin lastres de un pasado autoritario a sus espaldas, podrán dar vigencia plena a los principios democráticos y a los cambios necesarios que se deberían ejecutar. 
 
Éste es un reto cuando se sostiene que el cambio es un tema de todos quienes ayuden a la modernización, con la condición de que los instrumentos constitucionales generen confianza, credibilidad con paz democrática. 
 
De todo este análisis, en muchos casos expuestos por intelectuales de valía, se observa que la gran bandera de liberación de este proceso de cambio radicaba en la renta petrolera, minera, agrícola, turística y otras,  donde nuestras principales empresas, como  YPFB, Comibol, la química básica del Salar de Uyuni y otras, muestran a todas luces una imagen, tanto nacional como internacional, muy deteriorada, cada día más depauperada, poco seria, con falta de credibilidad, sin garantía de  inversiones e incorporación tecnológica.
 
Por encima de los desajustes administrativos y debilidades gerenciales de estas tantas empresas estatales, éstas constituyen el núcleo económico fundamental de Bolivia. Las deficiencias de su estructura no sólo deben referirse a su sistema empresarial defectuoso o a graves deterioros de orden moral, sino a la ausencia de un profesionalismo para una adecuada política económica nacional, referida a la industria.
 
Se debe programar la nueva estrategia para los hidrocarburos, minería, el litio, agricultura  para salir de la actual crisis, ahora que se inicia un nuevo periodo de gobierno. Recordemos que hace 15 años Bolivia podía haberse convertido en el centro de distribución energética para todo el cono sur de América Latina. Hoy vemos con profunda preocupación que la situación de nuestra producción de los recursos naturales está cargada de incertidumbre.
 
José Guillermo Tórrez G. O. es ingeniero geólogo y administrador de empresas.
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