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Cuánto pesa el muerto...

Cuánto pesa el muerto...
Esta reflexión tan profunda que nos dejara El Gabo se aplica constantemente a todos estos temas cuando tenemos que lamentar la muerte de hermanos bolivianos, como lo ocurrido recientemente. Lo que ha venido sucediendo en Comibol, al margen de los desajustes administrativos propios de su "elefanteasis burocrática” es que no se ha producido a nivel
ejecutivo una amplia y sustancial renovación de recursos humanos. La mayor parte de los gerentes de empresas y operadores de minas se han reclutado a través de la simple promoción y ascenso de empíricos ejecutivos que no han incorporado nuevas técnicas de organización, administración y desarrollo minero, simplemente por el hecho inevitable de que no se han generado nuevos impulsos vigorosos de sangre nueva, de jóvenes profesionales, con aptitud de renovar, de idear nuevas técnicas y nuevos sistemas de trabajo y laboreo minero metalúrgico que se adecúen a la realidad actual de los yacimientos y cuerpos mineralizados cada vez más pobres en contenido de mineral económico. Esta estructura empresarial de Comibol tiene una directa relación con los cooperativistas, que con pliegos de interminables requerimientos salieron para demostrar su poderío en base a la cantidad de votantes en elecciones y que mostraron ese poder  los últimos 10 años. No se trata de mostrar las diferencias de lo que son las distintas formas de las relaciones sociales en la participación y distribución de los medios de la producción y menos aún las definiciones teóricas del cooperativismo con otros sectores o sus resultados en diferentes países. Todo lo contrario, se trata de analizar lo que son actualmente
las cooperativas mineras en forma real y descamada con el propósito de buscar soluciones
prácticas y coherentes en momentos de cambio que vivimos tendente a que estos criterios sirvan para lograr un bienestar y una lucha que vaya en contra de la pobreza la miseria y la desocupación. Hoy en día si somos severos en la crítica y reales en nuestra evaluación de recursos humanos, comprobaremos que de 100 personas que forman una cooperativa
minera, dos o tres son realmente mineros, el resto es producto de ese huracán que devastó todo ese territorio minero del occidente boliviano por largos treinta años, con precios internacionales depauperados a nivel internacional sin parangón en la historia. Ni premio ni castigo, todo es  consecuencia. Ésta era una pequeña máxima, colgada en el escritorio de mi padre, después de años reflexioné sobre la importancia y profundidad de su contenido y es ahora cuando se analiza,
que deduzco se podría aplicar este pensamiento al problema de las cooperativas mineras, cuando vemos la realidad que en su gran conglomerado se presenta una explotación del hombre por el hombre inmisericorde sin seguridad social y menos aún derecho a la salud en su gran mayoría, producto y consecuencia de la pobreza y de la desocupación, en pleno siglo XXI. Sin embargo, de lo descrito se puede advertir nítidamente que las cooperativas mineras se han constituido en un sector que agrupa a miles de bolivianos asociados a Fencomin. Que guste o no son una realidad tangible, que no se puede negar. Es imperioso exigirse para dar una solución dentro del marco de una política minera coherente, que necesariamente tienda a dar oportunidades iguales a este problema social, sin buscar la dádiva, la prebenda política. No se trata de hacer una crítica exagerada, que no se entienda mal, sino simplemente de manifestar criterios que puedan servir para cooperar a un reajuste necesario del Código de Minería en actual vigencia y alimentar un nuevo plan tan necesario de una política minera actual, hoy inexistente. Este problema humano, que ha acongojado a toda la ciudadanía, con la muerte de una autoridad del Estado y cuatro cooperativistas, reflexionamos, al pensar cuánto pesa el muerto, pues al hombre y a la humanidad, no se los puede tratar, como un recurso natural renovable.

José Guillermo Tórrez es ingeniero geólogo y administrador de empresas.
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