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Rayados

Rayados
Ronald Ramos es una víctima. Lo fue desde el momento en que una persona, que se dice su amigo, le filmó con su celular sin tomar en cuenta que el muchacho estaba embriagado. Su intimidad fue violada cuando ese momento de debilidad se publicó en una red social.

 Lo que vino después fue parte del circo que los medios masivos han armado involuntariamente: Ronald arrancó carcajadas por doquier y, al hacerlo, se convirtió en un involuntario payaso. Los canales de televisión, e incluso los muy serios periódicos, hicieron eco de la fama que había alcanzado sin jamás proponérselo. Apareció en programas, le hicieron reportajes… Lo convirtieron en una celebridad sin tomar en cuenta que lo que sublimaban era antivalores que se habían publicado abusivamente.

 Y cuando un Concejo Municipal, el de El Alto, le entregó una distinción por la fama que había alcanzado, las mismas redes que lo exaltaron le arrancaron la corona de la cabeza, la estrellaron en el suelo y la pisotearon. Entonces Ronald comprendió que su fama no se debía a él, sino a un imprevisto, una filmación de consecuencias inesperadas, y a la multiplicación de banalidades perfeccionada por las redes sociales.

 Y lloró.

 Víctima.

 Ronald no mereció esos malos momentos, como no mereció los buenos, porque él es producto de una sociedad que ríe más fácilmente de las torpezas de un borracho o el mal manejo del idioma que de sus propios errores.

 Es la misma sociedad que elige como asambleístas o concejales a personas que después critica.
 
Usando bien el idioma, en su forma coloquial, hay que admitir que esas personas se rayan; es decir, se trastornan, se vuelven locos. Son unos rayados.

 Y entre las autoridades elegidas y que ahora se critica están esos concejales que, cuando eran candidatos, aseguraban que eran capaces de resolver todos nuestros problemas pero, ya en el cargo, piden que se contrate asesores para que hagan parte de su trabajo. Pasó en el Concejo Municipal de Potosí, donde se pretendió contratar a tres asesores para cada concejal. Rayados.

La torpeza del Concejo de El Alto es la misma de su similar de Sucre, municipio que el año pasado fue afectado por la creciente escasez de agua pero, pese a ello, su Alcaldía autorizó jugar con el líquido en el Carnaval. Lo del agua no es un chiste y jamás debe ser un carnaval.
 
Los ciclos hídricos están cambiando y hay lugares en los que ya no lloverá o lloverá menos. Lo que corresponde en una autoridad responsable es cuidar el líquido elemento y no autorizar su derroche, como ocurrió en Sucre. Rayados. 

 En toda sociedad existen personas o grupos de personas que hacen más de lo debido y, por tanto, merecen reconocimiento. Yo tengo una larga lista, entre educadores, artistas, investigadores y personas que descollaron en diversas ramas del quehacer humano, pero no puedo evitar recordar que el grupo Savia Andina cumplió 40 años el año 2015 y fue homenajeado por el  Senado y la Alcaldía de La Paz. En Potosí, su tierra, los mismos concejales, que recién se pelearon por la contratación de asesores, fueron incapaces de aprobar un reconocimiento. ¿Habrá sido por falta de asesores? ¡Rayados!  

Que un Concejo Municipal ignore a personas que merecen homenajes, pero decida reconocer la escasa educación que se reflejó una borrachera no es culpa de sus concejales, por muy rayados que sean, sino de quienes los pusieron en esos cargos. 

Los partidos ponen a los candidatos, pero los ciudadanos son quienes eligen. Entonces, aunque duela, hay que reconocer, nomás, que las sociedades tenemos las autoridades que nos merecemos.

Juan José Toro es Premio Nacional en Historia del Periodismo.
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