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Juan José Toro
Surazo

Ballenas

Ballenas
Básicamente, el juego de "La ballena azul” es identificado como una tendencia en la red social rusa Vkontakte. 

Con posible origen en Rusia, este "pasatiempo” se habría extendido a todo el mundo a través de otras redes sociales, como WhatsApp, que tienen alcance global porque están en casi todos los teléfonos celulares.

Supuestamente funciona por una mezcla de persuasión y chantaje ya que, si los administradores no consiguen que el adolescente que está jugando cumpla sus retos por las buenas, lo harán por las malas, amenazando con causar daños a su familia o entorno. Así, en medio de escabrosas tareas, como hacer dibujos con navaja en la piel o causarse lesiones, y mediante métodos de condicionamiento que incluyen ver películas de terror y escuchar cierto tipo de música, la víctima es inducida a llegar hasta el final del juego, que consiste en nada más y nada menos que quitarse la vida.

Parece ficción pero no lo es, por lo menos no en los países donde se ha reportado suicidios que están directamente vinculados con el juego. En Bolivia, el primer caso reportado es de Potosí, donde una adolescente de 14 años apareció con el dibujo de la ballena hecho con navaja en la carne viva de su antebrazo. Según su primera entrevista con la Policía, estaba siguiendo las instrucciones del juego.

"La ballena azul” es, por ahora, el rostro más visible de los peligros que entrañan las redes sociales de la internet que tenían —y tienen— la posibilidad de convertirse en instrumentos beneficiosos para la humanidad, pero, al paso que van, sólo la conducen a su perdición.

Las redes sociales son medios de comunicación social pero su peligro radica en que, al ser manejadas por cualquier persona, sin importar su edad o condición mental, pueden dejar de ser instrumentos y convertirse en armas.

Por su color predominante, otra "ballena azul” es Facebook, la red social que Mark Zuckerberg creó para intercambiar contenidos pero hoy en día se utiliza más para fines perversos que para la comunicación humana. Y su principal problema no es el narcisismo, que se traduce en subir fotos de uno mismo o de las actividades que está cumpliendo, sino el anonimato; es decir, la facilidad que existe de crear varias cuentas con identidades falsas. Detrás de una cuenta falsa, el usuario puede hacer cualquier cosa, desde acosar a personas o grupos de personas (como hacen centenares de funcionarios públicos del actual gobierno) hasta conseguir información útil para cometer delitos.

Desde ese punto de vista, Facebook es un gran auxiliar para los ladrones, ya que millones de usuarios publican todos sus movimientos, desde la salida de sus casas a los lugares que visitan, mas aún si están de viaje. Por tanto, los delincuentes pueden deducir o saber cuándo una casa está vacía. Otro gran riesgo es la cantidad de información personal que se sube a esa red.
 
Mucha gente publica no sólo sus fotos sino sus datos personales y, como los perfiles son accesibles a todos, eso facilita el trabajo de secuestradores, tratantes de blancas y traficantes de órganos.

¿Cree que exagero? Desgraciadamente no. Cuando no están sirviendo de instrumentos para los criminales, las redes sociales están causando daño cada día, segundo a segundo, ya sea publicando noticias falsas (ya existen páginas especializadas en eso) o bien haciendo pedazos las reglas ortográficas y dañando irremediablemente al idioma.

Y estas ballenas sólo son el inicio. Por lo que se puede ver en el horizonte informático, por delante existen centenares de océanos de incertidumbre tecnológica.    

Juan José Toro Montoya es Premio Nacional en Historia del Periodismo.
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