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La crisis del multilateralismo y Donald Trump

La crisis del multilateralismo y Donald Trump
Diversos autores sugieren que el multilateralismo, definido por John Ruggie como coordinación del comportamiento de tres o más Estados de acuerdo con principios generalizados de conducta, está en una profunda crisis desde hace unos años. Algunas de las causas  de esta preocupante situación  están asociadas a la crisis de legitimidad de las instituciones y a la crisis de equilibrios de poder (generada  por los países emergentes, por ejemplo). En lo político esto afecta a las bases mismas del multilateralismo asociado al principio de soberanía de los Estados y a otros principios de sustantiva importancia recogidos en la Carta de las Naciones Unidas. Pero también se ven afectadas las reglas que rigen   la  cooperación entre Estados y  las formas que ésta adopta en el  ámbito económico y en otros órdenes.  
 
No cabe duda que la crisis del multilateralismo -planteada en estos términos- podría verse seriamente agravada ante una inminente reconfiguración de la política exterior norteamericana. El presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, ha expresado un evidente  rechazo por las instituciones multilaterales. En lo político no ha mostrado   entusiasmo   respecto a mantener inalterables los  compromisos asumidos por Estados Unidos como miembro de  la OTAN. Más bien, ha señalado que  no necesariamente intervendría en  conflictos que pudieran suscitarse entre algún miembro de la OTAN y una tercera potencia. Si efectivamente Trump  rediseñara la política exterior norteamericana, adoptando una posición aislacionista, gran parte del mundo tendría sobrados motivos para preocuparse.
 
Tal situación podría darse   con la Unión Europea (UE), en cuya génesis y desarrollo Estados Unidos, de alguna forma, ha estado presente y ha sido un importante aliado, particularmente en lo concerniente a la seguridad externa, proporcionada por el  instrumento militar más poderoso de Occidente, la OTAN. Ante estos escenarios, el futuro de la UE como bloque de integración, desarrollado y cohesionado en los niveles que gradualmente ha ido alcanzando requiere hoy, más que nunca, de la alianza militar con Estados Unidos. Conscientes de esa realidad y preocupados por el futuro de la OTAN, muchos países europeos debaten sobre  el incremento de los gastos militares e, incluso, sobre la creación de un ejército europeo.
 
En lo económico, el presidente electo de Estados Unidos ha anunciado su deseo de retirarse del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica  (TPP por sus siglas en inglés), de suspender las negociaciones con Europa sobre la Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión (TTIP) y  de renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA), además de replantearse otros tratados de libre comercio, adoptando una política económica proteccionista. Esto implicaría un giro de 180 grados en la política comercial norteamericana.  
 
El hecho de que Estados Unidos pretenda retirarse y/o renegociar el TTP tiene muchas implicaciones, incluso geopolíticas. El vacío de liderazgo que Estados Unidos deje en Asia-Pacífico podría ser asumido entusiastamente por China. Por otro lado, el abandono de las negociaciones con la UE sobre el TTIP significaría otro desplante a sus aliados europeos. Sin embargo, al margen de lo que decida  Trump,  la población europea y algunos gobiernos de los Estados miembros de la UE  han manifestado un fuerte rechazo al TTIP.  Tampoco es tarea fácil la pretensión unilateral de reformular el NAFTA sin provocar reacciones contrarias  de Canadá y de México.
 
A partir de las políticas anunciadas por el próximo presidente de Estados Unidos se plantean muchas interrogantes sobre el futuro del multilateralismo, tanto en el ámbito político como en el económico. Estas dudas se irán esclareciendo al ritmo de las políticas que adopte el gobierno de Donald Trump.
 
Más allá de estas interrogantes hay la certidumbre de que si bien la  política exterior de los poderosos puede agudizar  la crisis del multilateralismo,  el multilateralismo no es sólo un concepto. Éste es una insoslayable realidad que se erige a partir de la multiplicidad de actores, de sus variados intereses, pero, sobre todo, a partir de los principios westfalianos que son parte del nuevo orden mundial y  que seguirán proyectándose como parte de una futura gobernabilidad mundial.

Karen Longaric es profesora de Derecho Internacional en la UMSA.
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