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Visión internacional

El paso de David Choquehuanca por la Cancillería boliviana

El paso de David Choquehuanca por la Cancillería boliviana
La remoción de David Choquehuanca y la designación del nuevo Ministro de Relaciones Exteriores generan expectativa por el necesario cambio cualitativo que reclama la conducción de las relaciones internacionales bolivianas, tanto en lo sustancial como en la forma. 

 La dilatada administración del señor Choquehuanca tuvo más desaciertos que éxitos, probablemente debido a  la evidente falta de idoneidad en el área internacional y la excesiva politización que se otorgó al tema.  Por la peculiar manera de ser del señor Choquehuanca  -impertérrito siempre- daba la impresión de que encaraba con igual ánimo lo primordial y lo secundario. Eso contribuyó a soslayar la imprescindible priorización de los temas más importantes de la política exterior boliviana a partir de lo objetivamente trascendental para el país. Pocas veces se  escuchó al excanciller opinar sobre la política internacional de coyuntura, ejercicio  inexcusable  para un ministro de relaciones exteriores.  Tampoco le fue habitual hacer declaraciones caviladas  sobre la política exterior boliviana. Con un  discurso lacónico y  repetitivo atribuyó al imperialismo y al neocolonialismo todos los males que agobian a Bolivia. Las bondades las confirió a la  hoja de coca y a la Madre Tierra, base doctrinaria de la política exterior del MAS.  

En pocas  ocasiones el excanciller se refirió a la demanda judicial instaurada ante la Corte Internacional de Justicia y al escucharlo daba la impresión que no estaba muy familiarizado con el meollo de este asunto. La misma sensación provocan las entusiastas declaraciones de otros funcionarios del Gobierno cuando se refieren al tema. Parece que el obligado análisis sobre los probables   escenarios que se configurarían a partir del fallo de la CIJ  aún es una tarea pendiente para ellos.

A propósito de esto, es menester indicar que si el fallo resulta favorable a Bolivia, entonces se iniciará una negociación instada por la CIJ, cuyo resultado dependerá fundamentalmente de Chile. Pero si, por el contrario, dicho fallo desestima el petitorio boliviano, la Corte estará negando carácter vinculante a los pronunciamientos realizados por Chile en el pasado. Ese sería el argumento que a futuro esgrima Chile para rechazar definitivamente  la restauración de un diálogo que implique la salida de Bolivia al Océano Pacífico con soberanía.

En ese contexto, la demanda judicial instaurada por Bolivia entraña un riesgo que es necesario advertir, aspecto que probablemente no ha sido suficientemente sopesado. En todo caso, cualquiera que fuere el resultado de esta  contienda judicial, los diversos escenarios que se pudieran dar exigen, de las autoridades bolivianas, mayor prudencia y actitud conciliadora.

Ahora toca ver cómo encarará este delicado asunto el nuevo Ministro de Relaciones Exteriores de  Bolivia y si  le permiten asumir el rol protagónico que debería desempeñar en el discurrir de la lid internacional con Chile.

También es importante que el Gobierno cambie el errado criterio  de que el éxito en las relaciones exteriores se mide por la cantidad de viajes internacionales que realizan el Presidente y el Canciller. Nada más equivocado. Buena gestión  en este ámbito es alcanzar el más alto nivel en el  relacionamiento con los países vecinos, con la región y con la comunidad internacional en general. Óptima gestión es lograr una fuerte presencia e influencia del país en diversos organismos internacionales; es priorizar y concretar los objetivos plasmados en la agenda de la política exterior boliviana.

Nada de esto se ha logrado en el largo período de don David Choquehuanca, quizás también porque de inicio así se  rayó la cancha.

Karen Longaric R. es profesora de Derecho Internacional en la Universidad Mayor de San Andrés.  
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