La Paz, Bolivia

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Karen Longaric
Visión internacional

Bolivia y Chile: destruyendo puentes, construyendo muros

Bolivia y Chile: destruyendo puentes, construyendo muros
Como consecuencia de la guerra del Pacífico, Bolivia fue despojada de su rico Litoral y su cualidad marítima, cuestión que  para los bolivianos es imposible aceptar y resignar.   

Esta infausta guerra trajo consigo resentimientos que aún persisten. Históricamente la relación entre ambos países se mostró oscilante, tuvo altas y bajas y sufrió variados encuentros y desencuentros. A pesar de ello, los bolivianos, indeclinables en el propósito de restaurar nuestra cualidad marítima, nos mantuvimos expectantes a las iniciativas y gestiones que la diplomacia boliviana desplegaba a través de conductos bilaterales directos o buscando apoyo a nuestra causa en ámbitos multilaterales. 

Por su parte Chile,  en diferentes momentos, mostró un marcado interés por el diálogo, otras veces indecisión y finalmente renuencia  a continuar  las negociaciones sobre el tema marítimo. 

A partir del 24 de abril de 2013 se produjo un fuerte quiebre en las relaciones entre Bolivia y Chile.  La presentación de la demanda judicial contra Chile ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) deterioró significativamente las relaciones, sin perspectiva de mejora alguna. 

Chile recibió la petición boliviana como una grave afrenta; la élite política y parte del pueblo chileno canalizaron un furioso resentimiento hacia Bolivia. Erróneamente no aceptaron que la  acción judicial instaurada ante la CIJ constituía una natural vía pacífica para la resolución de controversias entre Estados;  mecanismo  reconocido y recogido en importantes instrumentos jurídicos internacionales, como la Carta de las Naciones Unidas.

A su vez Bolivia, en forma paralela al juicio instaurado ante la Corte Internacional  y con exagerado e innecesario exitismo, desplegó una intensa campaña  internacional a objeto de  informar a la comunidad  de Estados  los fundamentos de hecho y de derecho  incorporados en su petitorio judicial, orientado a obligar a Chile a negociar una salida al mar con soberanía.

Las actitudes asumidas por uno y otro contribuyeron a desviar la atención de lo estrictamente judicial hacia la  confrontación comunicacional abierta, exacerbando los ánimos y deteriorando precipitadamente las incipientes relaciones. 

Las autoridades de ambos países se enfrascaron en acres acusaciones de ida y vuelta cada vez más subidas de tono. La diatriba y la polémica mediática se antepusieron al diálogo prudente que obligan  las relaciones internacionales.

Con lamentable torpeza se infirieron recíprocas críticas a sus  políticas internas, incursionando en un  escenario que no corresponde, una en flagrante violación al  principio de no injerencia en los asuntos internos de otros países, base fundamental de las relaciones internacionales y de la convivencia pacífica entre  Estados.

Han caído en saco roto los consejos que  públicamente o de manera reservada han realizado terceros países y personalidades mundiales, como el papa Francisco, en sentido de tender puentes e incentivar el diálogo respetuoso. No se ha tendido los puentes sugeridos; por el contrario, se ha destruido la poca conexión que quedaba y diligentemente se van construyendo muros que presagian un prolongado y hostil silencio entre  Bolivia y Chile.

Karen Longaric R. es profesora de Derecho Internacional de la Universidad Mayor de San Andrés.
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