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Desde la acera de enfrente

Más explosivas que dinamita y más urgentes que el pan

Más explosivas que dinamita y más urgentes que el pan
Es histórico el hecho de que Mujeres Creando haya pintado la fachada del Museo Nacional de Arte, nunca antes artista alguno ni hombre, ni mujer lo había hecho. 

Cuando Joaquín Sánchez, curador de la Bienal, me invitó a participar de esta versión le dije que todas las versiones, desde su fundación, hicieron el intento de que Mujeres Creando participara y que nos negamos todas las veces por la críticas que tenemos para con un evento que, en mi entender, no había logrado proponer nada a la sociedad. 

Luego de una larga discusión acordamos en que participaríamos únicamente bajo tres condiciones: que se trataría de una intervención colectiva y no personal, que nos dieran el hall de la Vicepresidencia o la fachada del museo. Ellos, Juan Carlos Valdivia y Joaquín, consiguieron el permiso para la fachada, sin que nosotras entregáramos ni proyecto, ni boceto alguno, sino bajo el pacto de la completa libertad. Un pacto desafiante e inédito que reconocemos y que agradecemos.

Nos interesan los muros externos del museo porque consideramos que los muros internos están muertos, no generan expectativa alguna y vienen siendo, hace tiempo ya, secuestrados por una pequeña élite imitativa, egoísta y antidemocrática. Nos interesan los muros externos porque no queremos camuflar nuestra fuerza expresiva bajo el manto protector y permisivo de la institución arte, sino exponerlo al temblor de la piel misma de la ciudad. Es allí donde las metáforas se vuelven explosivas, es allí donde adquieren olor y sabor. 

Trabajamos cerca de 18 horas continuas con un diseño discutido y definido por Danitza Luna, Esther Argollo y mi persona, ambas compañeras desertoras del mundo del arte, desconocidas y anónimas que representan esa gran masa de creatividad intensa que la institución cultural boliviana excluye, expulsa y desconoce.  

Trabajamos sobre dos instituciones centrales de la sociedad: la Iglesia y el Estado, sin colocarnos en un lugar de demanda, de pedido, ni de victimización, que es lo que se espera y acepta de las mujeres. Nosotras nos ponemos en otra posición, hablamos desde nuestro pensamiento, ponemos a prueba sus verdades con poderosas metáforas.

 Un Cristo que carga una cruz hecha de penes, un cardenal que se masturba y una Virgen que invita a pecar. Tres figuras acompañadas de grafitis que invocan e invitan a la rebelión, a la desobediencia y a la duda profunda: tu iglesia crucifica mujeres cada día, el feminismo las resucita.

En el caso del Estado, recreamos un escudo boliviano donde el Cerro Rico de Potosí aparece completamente hueco, el cóndor, el bufeo de los ríos benianos y el jaguar huyen de la escena dantesca de un país en destrucción. 

Este escudo queda incrustado dolorosamente sobre la espalda de un hombre desnudo, obligatoriamente arrodillado porque su pene se encuentra sujeto con una cadena a un lingote de oro. Se trata de la crítica al Estado patriarcal estractivista y depredador que tenemos. Es una representación del  "hombre boliviano” genitalizado e inconsciente de su propia decadencia.
 

No nos interesa con este gran esfuerzo convencer a nadie de nada, sino remover y hacer temblar nuestros imaginarios sociales. Ya no desde las mujeres como víctimas que piden derechos, sino desde las mujeres en estado de rebelión que proponen otra sociedad y otro país.
 
Que proponen el destape de nuestras hipocresías, la recuperación de nuestros cuerpos, la duda sobre las verdades absolutas que heredamos de nuestros padres. Cuando trabajas sobre símbolos y metáforas, la interpretación que sobre ellas se desata es el reflejo de la sociedad y sus propios prejuicios los que entran en escena.  

No me interesa la discusión aburrida de si esto es arte o no, lo que queda claro es que esto es política. Lo nuestro es transformar la sociedad y estamos convencidas de que la ira que el mural ha desatado, es la ira de quien tiene miedo a la contundencia de nuestros argumentos, a la fuerza de nuestra irreverencia. Estamos seguras de que es la misma ira que lleva a los feminicidas a actuar contra mujeres que les dicen: Voy a trabajar o voy a vestirme como me da la gana, no gobiernas mi vida nunca más. Es la ira de quien sabe que el piso que pisa está mojado, rajado y deleznable. 

María Galindo es miembro de Mujeres Creando.
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