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Desde la acera de enfrente

Pedir perdón y ser perdonado

Pedir perdón y ser perdonado
Prácticamente en la vida nada es imperdonable porque los seres humanos somos falibles, erráticos y vivimos para equivocarnos. De ahí que el pedir perdón sea un acto tan importante en nuestras vidas y ser perdonados también, porque restituye la credibilidad cuando lo recibes. La fuerza de quien pide perdón está basada en el hecho de haber comprendido el error, de haber comprendido tu propia responsabilidad y la intención de rectificar y cambiar de actitud. La capacidad de saberse falibles es, en ese contexto, una de nuestras mayores virtudes como seres humanos porque nos obliga a escuchar a los demás y a reconocer nuestros errores.

 Lo que es imperdonable, valga la ironía, es que el acto de pedir perdón sea una fórmula hipócrita, sin contenido, para salir del paso, como lo hacen muchas veces los violentos, a los que el arrepentimiento les dura cinco minutos.

 El Presidente no ha pedido perdón, se ríe de todos nosotros, tomando su avión privado para ir al agasajo de Fidel, cuando el propio Fidel, si estuviera vivo y en sus cabales, le diría con voz imperativa: -¡Quédate en Bolivia, tu lugar está ahí y demuestra que tu pueblo te importa, yo ya estoy muerto y el mejor agasajo es que los que levantan mi nombre sean consecuentes con la lucha!-

 El Presidente no ha pedido perdón, se ha reído de todos nosotros y por eso no ha cambiado a la Ministra de Medio Ambiente y Agua que, literalmente, no sabe dónde está parada.

 El Presidente no ha pedido perdón, se ríe de todos nosotros, por eso su propaganda anuncia que el Presidente hubiera descubierto una laguna virgen para abastecer de agua a La Paz. Debe ser un chiste ¿no?

 El Presidente no ha pedido perdón, se ha reído de todos nosotros y por eso el anuncio propagandístico de que el agua es tuición de las alcaldías, cuando EPSAS ha sido una empresa tomada por el Gobierno central, controlada por el Ministerio de Medio Ambiente, donde estaba como gerente en El Alto el exvocero de la bancada del MAS, el inolvidable homofóbico Roberto Rojas.

 Además, si no era su responsabilidad, ¿por qué pidió perdón o fue sólo para salir del paso?  El Presidente no ha pedido perdón, se ha reído de todos nosotros, como cuando se burló frente a la desaparición del abuelo más sabio del altiplano, el lago Poopó. Seguramente frente a la desaparición del lago Uru Uru tendrá más motivos de risa.

 El Presidente no ha pedido perdón, se ha reído de todos nosotros diciendo que no hay concesiones mineras en el Illimani, cuando, al día siguiente, su Ministro de Minería salió diciendo que la información de las concesiones es pasada porque es de 2014, o sea de anteayer. 

El Presidente no ha pedido perdón, se ríe de todos nosotros por eso no suspende el proyecto de la planta de investigación nuclear en El Alto, donde se malgastará muchísima agua que no hay para tomar, para la sopa, para dar al ganado y para lavarse.

 El Presidente no ha pedido perdón, se ríe de todos nosotros y por eso compra agua embotellada a la Coca Cola, que produce con tres litros una botella, en lugar de nacionalizar de inmediato esa planta por depredadora de un recurso natural vital como es el agua.

 El Presidente no ha pedido perdón, se ríe de todos nosotros y por eso no ha suspendido el paso del Dakar por Bolivia, porque ese insultante compromiso le parece más importante que todo lo que está sucediendo.

 El Presidente no está arrepentido, no ha entendido el problema y no lo sufre. El Presidente no ha tomado ni una sola medida que nos indique que entiende que la crisis del agua tiene que ver con su visión extractivista, depredadora y desarrollista de la naturaleza. El Presidente no ha pedido perdón, ha perdido la conexión emocional con la gente, no sabe lo que significa para todos y, especialmente para las mujeres, regresar a las colas por baldes de agua que no alcanzan y que son pesadísimos. No tiene ni la menor idea de la forma cómo esto afecta la economía de la gente. 

 La crisis del agua ha puesto en evidencia a su gobierno y a él, especialmente. Resulta que no sabe lo que pasa en el país, por eso se ha enterado por la televisión del problema y su mayor solución es esperar que llueva.

 Lo que está claro es que el Presidente y todo su gobierno no se dan cuenta ya no sólo de lo que está sucediendo en el país, sino del hecho de que nadie les cree nada.  Nosotros no tenemos agua, ellos no tienen credibilidad. 


María Galindo es miembro de Mujeres Creando.
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