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Fin de la democracia liberal anti representativa

Fin de la democracia liberal anti representativa
Ni Hilary, ni Trump. Ni Evo, ni Samuel; ni Maduro, ni Capriles; ni Ortega, ni Somoza; ni Kichner, ni Macri; Ni Kuczynski, ni Fujimori; ni Roussef, ni Temer. 

En un empobrecimiento político impresionante parece que nos vamos viendo encajonados en elecciones, que no son tales porque realmente no eliges. No eliges porque las alternativas han sido cernidas de tal manera que no tengas alternativas para elegir realmente. No eliges porque las campañas electorales no ofrecen debate, ni propuesta, sino espectáculo. No eliges porque pocos o ningún candidato, hombre o mujer, suele tener la más mínima intención de cumplir sus promesas.

No eliges porque el voto se convierte en un contacto fugaz con la política, el minuto siguiente al acto de votar, tú como votante, hombre o mujer, vieja o joven, dejas de importar.

Ser político no importa de una sociedad devastada como Cuba o Venezuela, no importa en una sociedad pobre como Nicaragua o Bolivia porque te permite tener avión privado, viajar como magnate por el mundo, vestir ropa cara y de lujo, y acceder al más alto nivel de vida imaginable.
 
Ser político hombre o mujer te convierte en un ser por encima de los y las demás, un ser que al día siguiente de legitimarse con una elección, donde muchas veces ni siquiera han querido debatir. No tomarás más contacto con la gente, sino bajo las condiciones que arbitrariamente te dé la gana. 

Los políticos y las políticas no son políticos, son magnates de la política que la han privatizado para su propio beneficio, empezando por Evo Morales y terminando en Cristina Kichner. No hay político que haya salido pobre de su mandato, ni político que haya gastado su sueldo en su sostenimiento. Ejercen su poder como monarcas, lejos de la gente a la cual se acercan sólo en elecciones y desde tarimas, donde no escuchan, sino que se hacen escuchar la misma simplona chachara que nada o poco aporta. Cuando un político habla puedes apagar la radio y poner cumbia barata, que lo mismo da. 

No hay político, empezando por Evo y terminando en Castro, Clinton o Trump, que no desee controlar los medios de comunicación y lo haga con chantaje, y con dinero para asegurarse que las voces críticas serán asfixiadas por el aislamiento.

Elecciones donde no eliges, porque el voto pasa por una caja negra de negociaciones y valoraciones que lo relativizan. El voto es voto en la caja uno, pero luego pasa a la caja dos, donde se convierte en factor de negociación. En Bolivia, además, eliges a una tropa de parlamentarios colgados del candidato y, por lo tanto, como a nadie responden, se encierran luego en el Parlamento sin mandato democrático alguno. Ni a una entrevista de radio les puedes invitar porque no tienen ganas de ser interpelados. 

No eliges porque no queda claro a qué estás votando: ¿al sexo de la candidata, a su carisma, a su capacidad de hacer bromas, a tus miedos de perder el empleo, a su condición de negro, indígena o mujer, a su condición de millonario? Como realmente ni se discuten ni se votan propuestas y como tampoco las propuestas se cumplen, el voto se convierte en un acto banal de simpatía o antipatía.

Frente a un cuadro así lo que estamos viendo, a mi entender, es el fin de la democracia liberal representativa. Estamos frente al agotamiento de esta forma de democracia representativa liberal en la cual los aparatos electorales se han convertido en aparatos caros, siempre financiados por los grandes capitales, también en Bolivia, donde las elecciones se convierten en simulacros de democracia con sabor a show barato. 

Yo entiendo a quien no ve alternativa entre Hilary y Trump. Entiendo a quien no tuvo alternativa en Perú, Argentina, Venezuela o Nicaragua. 

Mi tímida esperanza es que el nivel del "juego democrático” manipulatorio haya agotado nuestras paciencias, de tal manera que nos vayamos, poco a poco, atreviendo a ponerlo en cuestión.

A poner sobre la mesa el cuestionamiento del financiamiento de los partidos políticos, a poner sobre la mesa el cuestionamiento de aparatos parlamentarios caros que no escuchan a la sociedad, ni alimentan la democracia porque no representan a nadie. Que nos atrevamos a proponer y soñar democracias demócratas sin partidos, donde los niveles de representación sean reales, directos, múltiples y rotatorios.  

María Galindo es miembro de Mujeres Creando.
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