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Desde la acera de enfrente

Náusea navideña

Náusea navideña
Náusea de la farra navideña en la oficina pública o el sindicato. El año pasado fue motivo para violar a la nueva secretaria y el anteaño pasado para hacerlo con la trabajadora de la limpieza. Náusea entonces de la violación navideña.

Náusea del regalo del padre irresponsable que aparece, con la pelota barata o con la muñeca improvisada, a encender con luz navideña las pupilas de la niña y el niño. Náusea de la irresponsabilidad paterna navideña; su ausencia lacerante o su presencia culposa.

Náusea de la sagrada familia navideña: papá, más mamá, más hijito reproduciendo año tras año la patraña. La patraña de la madre virginal, el niño salvador y el padre protector. 

Náusea de la explotación infantil navideña para fabricar los zapatitos del niño Jesús, para llenar las bolsas en la puerta del supermercado, para cantar villancicos en la Comercio, para ganarse unos centavitos aprovechando tus compras navideñas. 

Náusea de la abundante basura navideña, no de la que está en los basureros, sino de la que está en los escaparates: trineos, bombitas, papanoeles, barbies, autitos, lucecitas; larga lista de contaminantes, ya no de la tierra sino de la vida. Náusea de la contaminación navideña.

Náusea del contrabando navideño, no del callejero, sino del legalizado en supermercado.

Náusea de la feria navideña y de la pelea por un puesto, de los jalones y los insultos por morder un pedacito de la marraqueta. Náusea de los pesebres que no se venden y del centavito que suma demasiado poco. 

Náusea de la ridiculez municipal navideña, náusea del desfile navideño obligatorio, náusea del Alcalde disfrazado de Papá Noel dadivoso, mientras los y las trabajadoras de la limpieza de la ciudad han perdido sus derechos laborales. Náusea porque tienen que equilibrarse en peligrosos camiones y hacer un doble esfuerzo. Náusea porque terciarizan el servicio para descargarse las obligaciones sociales. Náuseas por la corrupción municipal en época navideña y con Alcalde disfrazado de rechoncho generoso. 

Náusea por el paisaje paceño navideño con las wawas que vienen del norte de Potosí a recibir por navidades, su inolvidable lección de miseria y mendicidad.

Náusea de los juguetes recolectados en el teleférico y de los juguetes regalados en la plaza Murillo, todo chino, todo basura, todo humillante, todo mal hecho, todo mal repartido. Hagan bien su trabajo, no se farreen la plata y con eso estamos más que contentos. Náusea entonces del disfraz de buenas gentes navideñas de todos los burócratas que mientras roban, regalan y donan lo que les sobra. 

Náusea de pensar en la exiliada del neoliberalismo que este año tampoco puede llegar, mandó regalos y dinero pero ella no vendrá, no podrá este año tampoco retornar. Náusea por su silla vacía, por su vida empeñada.

Náusea de la fiesta navideña que acabará en paliza, que acabará en sopapo, en portazo, en violencia, náusea de ese llanto que hoy parece más amargo. Náusea entonces de ese machismo navideño que no para ni un solo día al año, que no se suspende, que no hace un paréntesis navideño, que no cesa, que continúa y que puede terminar también el día de Navidad en tragedia.

Náusea del banquete navideño, el banquete que tan mal reparte el trabajo y tan mal reparte las porciones. 

Náusea del sermón navideño, del cura navideño, de su misa, de su mensaje. Ojalá se callara el Papa en navidades y tendríamos el regalo de su silencio. Ojalá las femmen robaran con éxito el niño de yeso del pesebre de San Pedro en Roma. Pero nada de eso pasa, la Policía arresta oportunamente a las femmen y salva  al niño de yeso, y el Papa no se calla, sino que habla de la paz en el mundo. Náusea del sermón papal navideño.

Náusea de los deseos de paz navideños. Hay una masacre contra las mujeres en el mundo y muchas no estarán en sus casas con sus wawas fruto de esa masacre; muchas no estarán con sus madres, ni sus sueños ni sus vidas tienen lugar alguno en este mundo que no sean sus tumbas de mujeres asesinadas. Pero ya que éste es un tema antinavideño, así que náusea de la paz navideña que exige silencio.

Náusea de la pistola de plástico navideña para aprender a matar y de la cocinita de plástico navideña para aprender a servir. 

Náusea de la estupidez navideña.
 
María Galindo es miembro de Mujeres Creando.
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