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Desde la acera de enfrente

El vivir bien como disfraz

El vivir bien como disfraz
El vivir bien es un disfraz para camuflar un plan de desarrollo desarrollista, extractivista, depredador de la naturaleza, cuyos megaproyectos están basados no en un concepto de un buen vivir general y comunitario, sino en un ego caudillista y machista que se reedita en la historia boliviana, en un círculo vicioso del cual Evo Morales es sólo un capítulo más.

El vivir bien es un disfraz del lugar que ocupamos como país en el orden mundial: el de vendedor calladito de materia prima, extraída a bajos costos y bajo modelo destructivo. Y, como no, también el de vendedor de mano de obra expulsada de una economía donde no hay trabajo, ni salud. Donde para salvar a tu madre de la muerte te tienes que ir a España; donde para hacerte un capital y tener tu negocio te tienes que ir a Brasil o Chile; o para hacerte tu casita lo mismo.  

El vivir bien es un disfraz para camuflar una administración del Estado y del excedente de la explotación de los recursos naturales a manos de transnacionales chinas a beneficio de la élite del MAS, de Ramón Quintana, Álvaro García Linera y una larga lista de quienes están utilizando el  Estado para beneficio personal, dando un salto en sus propias economías familiares para convertirse de desposeídos sociólogos y dirigentes en grandes millonarios.

El vivir bien es un disfraz para el potenciamiento de una economía basada en el consumo de productos de lujo, en la economía de importación de todo, desde galletas y panetones hasta ropa, terminando de matar la pequeña estructura productiva interna. 

El vivir bien no ha sido el renacer de mercados campesinos, llenos de productos ecológicos y saberes ancestrales, con diversidad de productos naturales provenientes de varios pisos ecológicos, sino que es el disfraz del gran supermercado, que es el verdadero emblema del masismo. Un supermercado repleto de productos de importación, donde hay que esforzarse para encontrar lo boliviano; un supermercado que incluye con normalidad trabajo infantil no pagado en sus puertas, trabajo precario sin seguridad social, ni derechos laborales de sus reponedoras, y cuya estructura sólo nos empobrece, mientras alimenta las fortunas de siempre.

El vivir bien no ha sido el repensamiento de la relación con los animales, para parar y cambiar esta lógica de crueldad. La crisis de los perros en nuestras ciudades no ha pasado de un acto burgués de adopción de dos perritos por parte del Vicepresidente, sin entender que la vida de los animales en nuestra sociedad es una cuestión de Estado. Están lejos de entender que si un tigre ha robado gallinas en Trinidad y ha sido acribillado es porque estamos destruyendo su territorio.

El vivir bien es un disfraz que ya no puede ocultar la crisis ecológica a la que avanza la sociedad boliviana, hoy sobre todo, productora de toneladas de basura, con una concentración de población urbana en ciudades que no han pensado ni diseñado el reciclaje de basura, la reutilización del agua, el aprovechamiento de las aguas de lluvia, la creación de áreas de producción agrícola urbana, la creación de áreas verdes para precisamente vivir bien y no vivir mal, como estamos viviendo. El vivir bien es un disfraz para la multiplicación de los palacios de gobierno: uno para el monarca de la economía, otro para el monarca de los monarcas, el caudillo, y otro para el monarca del parlamento, reflejando necesidad de exhibición arquitectónica de poder y lujo. 

El vivir bien es un disfraz que se vende muy fácil a los gringos, que les siguen y les aplauden en Europa y Estados Unidos, y que necesitan ver en Evo Morales un héroe indígena romántico. Pero el vivir bien, ni siquiera como discurso ha hecho carne en las calles bolivianas, donde nadie cree el vivir bien, porque de chistes, mentiras y discursos baratos estamos hasta el cuello. 

El vivir bien es un disfraz y también es un fraude. El vivir bien es un disfraz y también es una mentira histórica. El vivir bien es lo que no hicieron y ni siquiera intentaron hacer. El vivir bien no se inscribirá en la filosofía, ni en la historia, sino en el anecdotario de la demagogia política.
 
Jallalla cumbre del vivir bien, jallalla agenda del 2025 con planta nuclear, represas en los ríos, ingenios azucareros en vacaciones, tala de bosques, lagos muertos, cierre de planta de textiles y crisis ecológica. 

María Galindo es miembro de Mujeres Creando.
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