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Desde la acera de enfrente

La complicidad entre el Estado y el proxeneta

La complicidad entre el Estado y el proxeneta
El caso Katanas pone en evidencia, una vez más y sin lugar a duda, aquello que nosotras denunciamos hace demasiado tiempo: el papel del Estado como proxeneta.  

El Ministerio de Gobierno y la Policía se hace cómplice del proxeneta, le ofrece protección mientras que extorsiona a la mujer en prostitución. Por eso, ocasionalmente y con mucha cobertura mediática, la Policía hace redadas teatrales en los pequeños locales, siempre locales de prostitución de las propias mujeres que no pueden pagar la coima mensual a la Dirección de Trata y Tráfico. 

La operación de la  Policía es la criminalización de "la puta” para tapar su complicidad con el proxeneta y para sacar ventaja de ella. Tras las rejas y en las celdas policiales, lo que ocurre con una mujer en prostitución es manoseo, humillación y violación.

El Gobierno Autónomo Municipal de  La Paz se niega a discutir sobre prostitución. No da licencias, a modo de lavarse las manos, y da licencias de consumo y venta de prostitución a través de licencias de venta y consumo de alcohol. Cuando son las propias mujeres en situación de prostitución, que para liberarse del proxeneta quieren gestionar sus propios locales sin consumo de alcohol, se niega a dárselas y las convierte automáticamente en clandestinas. 

Esta clandestinidad obligada le permite además al gobierno municipal y a sus funcionarios tener también un lugar de chantaje y extorsión continua que, a la vez, impide la emancipación de la mujer en prostitución de su proxeneta.  

El poder de Marco Cámara no era clandestino, ni ajeno al Estado, sino todo lo contrario. Lo que sucede con Impuestos Internos y otras reparticiones del Estado es la permisividad con el proxenetismo a cambio de la libre disponibilidad de cuerpos de mujeres, cuyo manejo se constituye en parte de la expresión de su poder.

Pero los tentáculos del Estado como brazo proxeneta se extienden hasta el Ministerio de Salud que indica, desde hace un siglo, un protocolo de riguroso control de la vagina de la puta. Un control humillante que mutila su cuerpo, que la reduce a una vagina. La vigilancia del Estado sobre la vagina de la puta es proxenetismo también. La extensión de un carnet que certifique esta vigilancia es, nada más y nada menos, que obligarte a portar un carnet de puta en la cartera. 

En ese contexto, hacerse cómplice de la hipocresía del Estado en la criminalización de la mujer en prostitución es un grave error conceptual. Trata y tráfico de mujeres y prostitución no son lo mismo. Hay que separar la discusión de la prostitución de niñas y adolescentes de la prostitución de mujeres adultas. No hay que permitir que la criminalización de la trata restituya poder de abuso de la Policía sobre las mujeres en prostitución.  Hay que entender que la condición de prostitución es hoy una condición masiva y fundamental para entender el lugar de las mujeres en las sociedades patriarcales. La prostitución no es algo minoritario y periférico sino masivo, urbano y extendido en todas las capas de la sociedad. 

Proponemos como medidas urgentes una discusión nacional y municipal sobre prostitución, con las mujeres en prostitución como actoras principales.

Proponemos la suspensión del carnet sanitario; la eliminación del leprosario del siglo XXI, donde las mujeres en prostitución deben realizarse un examen vaginal semanal, humillante, es ridículo plantearse el control sanitario de la vagina de la puta, cuando el foco de contagio es el prostituyente, al cual jamás la sociedad se plantea controlar; la suspensión inmediata de las licencias de funcionamiento de todos los locales de proxenetismo y la apertura del registro de locales de prostitución sin proxenetas.

 Nosotras venimos trabajando hace más de cinco años en la constitución de estos locales bajo un código de trabajo elaborado por las propias mujeres en prostitución y que resume muy bien la situación en la que ellas están. Las reglas internas de funcionamiento son las siguientes: cero alcohol, cero menores, uso del condón obligatorio, no atención a hombres en estado de ebriedad y flexibilidad de horarios que les permitan desarrollar actividades paralelas a la prostitución, como trabajos alternos y estudio.

Para todos los sistemas de machos la mujer es una puta; mueran los sistemas, vivan las putas. 

María Galindo es miembro de Mujeres Creando.
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