La Paz, Bolivia

Martes 22 de Agosto | 22:16 hs

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Desde la acera de enfrente

Para todas

Para todas
Para todas las que pasaron la noche de Año Nuevo con la mirada fija en la ventana dibujando con los ojos en el cielo: llaves, candados, cadenas rotas, puentes, maletas, caminos y puertas.
Para todas las que llegaron a las primeras horas del año con el firme propósito de divorciarse.
Para todas las que decidieron no compartir el embarazo y parir solas.

Para las que decidieron que el mejor apellido de sus wawas es el suyo propio.

Para todas las que decidieron renunciar al trabajo y no aceptar ni un solo día más el chantaje sexual del jefe.

Para todas las que decidieron abortar, le pese a quien le pese.
Para todas las que decidieron cambiar de carrera y no contentar ni a mamá ni a papá, sino a sí mismas.

Para todas las que decidieron empezar el año rompiendo el noviazgo y aplazando indefinidamente la fecha de la boda.

Para todas las que decidieron huir de la cárcel, huir del matrimonio, huir del barrio, huir de la familia.

Para todas las que decidieron declararle su amor y atreverse a besarla.

Para todas las que decidieron expulsar al vago de sus casas, dejar de mantener al parásito, comprarse zapatos nuevos y aprender a mimarse.

Para todas las que decidieron escribir un diario, un libro, una novela y decir lo que piensan.
Para todas las que decidieron dejar de disimular afecto, dejar de simular placer y dejar de tener sexo obligatorio.

Para todas las que decidieron hacer maletas no para viajar, sino para huir.

Para todas las que se atrevieron a cerrar un ciclo para empezar algo nuevito y sin usar.

Para todas las que decidieron dejar de lavar los platos y dejar de limpiar la casa y dejar de lavar la ropa y dejar de cocinar la cena y dejar de ir al mercado y dejar de picar el recado y dejar de hacer la sopa y dejar de planchar las camisas y dejar de limpiar el baño y dejar de lustrar los pisos y dejar de ordenar el ropero para tomarse todo ese maravilloso tiempo para sentarse en el patio pelarse un mango bien lavado y escuchar su música preferida sin aceptar nunca más en la vida interrupción alguna. 

Para las que decidieron cambiar de sexo, de país, de oficio.

Para las que decidieron dejar de usar sostén, dejar de usar traje sastre de dos piezas, comprarse pantalones y cortarse el pelo.

Para las que decidieron aprender plomería, electricidad y albañilería.

Para las que decidieron denunciarlo.

Para las que decidieron no aguantarlo.

Para las que decidieron abandonarlo.

Para las que encontraron el placer de la soledad.

Para las que decidieron enamorarse de la dignidad.

Para las que decidieron pasar las fiestas con sus amigas y dejarlos plantados a ellos.

Para las que decidieron pasar las fiestas estudiando filosofía, leyendo literatura, inventando nuevas palabras para describir su inédita libertad.

Para las que decidieron masturbarse lentamente, ricamente, suavemente.

Para las que decidieron convertirse en vegetarianas.

Para las que decidieron no mentirse.

Para las que decidieron sincerarse.

Para las que se pasaron dibujando y dibujando, buscando no la palabra, sino la imagen.

Para las que se pasaron haciendo planes y soñando con el taller de costura, con la panadería, con el terrenito, con la media agüita donde por fin tener un perro, un árbol y flores.

Para las que decidieron buscar justicia, aunque parezca imposible.

Para las que decidieron entrar a la prostitución. Para las que decidieron salir de la prostitución.

Para las que decidieron organizar por fin un grupo de mujeres en su carrera, en su colegio, en su sindicato, en su barrio, en su pueblo, en su cuadra, en su trabajo.

Para las que decidieron por fin animarse a participar del grupo de mujeres.

Para las que decidieron aprender a leer.

Para las que decidieron enseñar a leer.

Para las que decidieron aprender a coser, para las que decidieron aprender a manejar carro, para las que decidieron vender tucumanas.

Para las que decidieron aprender aymara. Para las que decidieron aprender inglés.
Para las que decidieron respirar dignidad y no miedo.

Para todas ellas va este augurio de buena suerte. Para todas ellas va esta complicidad de loca.
 
Para todas ellas van estas letras que adivinan sus esperanzas. Va también lápiz y papel para que con letra propia lo escriban, lo firmen, lo doblen y se lo guarden en el pecho.
 
María Galindo es miembro de Mujeres Creando.
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