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María Galindo
Desde la acera de enfrente

Educación para el fascismo, chauvinismo y machismo

Educación para el fascismo, chauvinismo y machismo
"Con minero quieres casarte, con minero no puede ser, el minero sabe tener a pura dinamita a su mujer; con campesino quieres casarte, con campesino no puede ser, campesino sabe tener siembra que siembra a su mujer; con chofer quieres casarte, con chofer no puede ser, el chofer sabe tener a pura palanca a su mujer; con boxeador quieres casarte, con boxeador no puede ser, boxeador sabe tener ojito verde a su mujer; con policía quieres casarte, con policía no puede ser, policía sabe tener palo y palo a su mujer”. No es una canción que sonaba en alguna chichería o parada de minibús; sonaba en un acto oficial de entrega de una escuela en Cochabamba, mientras niños y niñas de primaria la bailaban entusiastas, disfrazados de boxeadores, policías y otros, y cuya representación incluía ademanes de pegar a sus compañeras de curso, todas disfrazadas de cholitas. 

 El colegio acompaña el baile con risas, agasajos y burlas. Cuando la canción termina el Vicepresidente, en la testera, aplaude entusiasta, agradece a los niños y las niñas, y no critica la canción, ni tampoco la representación, es más hace una interpretación confusa con los niños y las niñas sobre su contenido.  Concretamente dice que la canción y el baile traen un gran mensaje de igualdad y de no violencia, cuando es todo lo contrario. 

Los niños y las niñas se sienten entusiasmados con la proximidad de la autoridad, con el baile representación de violencia machista que acaban de hacer. El aplauso y complacencia del Vice los refuerza, el estúpido paternalismo de Álvaro para con el pueblo le impide hacer una critica a un grupo de niños y niñas de primaria. Lo más seguro es que la canción rodará con gran prestigio por los colegios del valle cochabambino, con el ingrediente de que le ha gustado mucho al Vicepresidente. 

El Vicepresidente no tiene la madurez mínima de criticar la grotesca representación, ha ido allí a recibir aplausos y garantizar votos, y su análisis lleva el mismo tono demagógico que cuando dice a los niños que Evo es el salvador de Bolivia. La falta de madurez en la capacidad de criticar es la misma que tiene en la incapacidad de recibir críticas. No hay una verdadera comunicación entre él y el colegio; están sumergidos en una estupidez a la que llaman gobernar. 

 El llamado proceso de cambio está tan vacío de contenido político ideológico, que un simple acto de entrega en un colegio se convierte en una rutinaria escena machista, chauvinista y fascista que orada la inteligencia colectiva. 

 No veo este acto en directo desde algún Facebook de la oposición o bajo algún sabotaje mediático, sino que mientras limpio mi casa, para contrarrestar la toxicidad insoportable de la escena; lo transmite en directo canal 7 Televisión Boliviana.

 Los actos oficiales en escuelas se han convertido en un ingrediente más de la educación, una educación que no ha mejorado su calidad, pero que ha sumado en este tiempo un nuevo componente. Y es el de la educación para la veneración a Evo, para desvirtuar y simplificar la historia. "Todos fueron malos, nosotros somos los únicos buenos”; "Bolivia empieza con nosotros”.
 
Niños y niñas de menos de 10 años interpretan mal llamados "poemas”, muchas veces cargados de racismo y hasta de fascismo. Las adolescentes van de azafatas; en alguna ocasión alguna de ellas es entregada por sus padres al Presidente. 

 El folklore de la peor calidad, un folklore que implica en sus letras y bailes una división sexual rígida de oficios y funciones en el mundo; un folklore machista, un folklore repetitivo y atontador es un marco infaltable de estos actos, cuyo ensayo en los colegios, seguramente, toma horas y horas de suspensión de clases. La calidad de la educación es entendida como el edificio, el cemento, la cancha. Como el bono de 200 bolivianos que va a recibir el niño y la niña, y que aunque no le alcanza para nada, es suficiente para inocularle una lección de vida: todo valor se mide en dinero. 
 
Nada más lejos de lo que fue, por ejemplo, la escuela ayllu de Warisata de Avelino Siñani y Elizardo Pérez, cuyos nombres sin contenido ya se desgastan en el encabezado de la Ley Educativa.

 Estos actos, que son el punto más alto de la relación entre gobierno y pueblo, se han incorporado a la vida educativa del país  y son lecciones de estupidez, mediocridad y caudillismo. 

María Galindo es miembro de Mujeres Creando.
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