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Desde la acera de enfrente

Vasectomía a los padres irresponsables

Vasectomía a los padres irresponsables
Yo sé que ante los dramas que vivimos hoy las mujeres bolivianas frente al aborto criminalizado, frente a la violencia machista, frente al acoso sexual, el feminicidio, el desempleo crónico, la irresponsabilidad paterna, la criminalización de la prostitución y más, muchas pensarán que el proyecto de incorporación de dos causales más para la despenalización del aborto nos beneficia y hay que defenderlo porque mejor es poco que nada.

Certeramente Helen Álvarez, en su programa radial Feminicidio crimen del Estado patriarcal, ha calificado la muerte por aborto clandestino como un feminicidio masivo del cual es el Estado el responsable directo. 

La discusión sobre cuáles serían las condiciones para que esas dos causales de pobreza y de edad se puedan cumplir por una única vez  tiene una connotación eugenésica y paternalista.
 
¿Por qué si has abortado una vez no puedes abortar una segunda vez? o ¿por qué si eres muy pobre puedes abortar, pero si eres estudiante universitaria y quieres abortar, pero no estás en extrema pobreza, debes continuar con el embarazo?

No tiene sentido y además nos coloca frente a otra probable complejidad a futuro. En el caso de que este articulo se apruebe como está, los servicios clandestinos de aborto sufrirán una persecución mayor aún y la penalización que recaerá sobre la que no está dentro de las causales que el nuevo código plantea sufrirá una persecución policíaca y probable extorsión  mayor todavía a la que ya se vive actualmente, o sea que podemos ir a peor.

Los límites, como se define la pobreza de la mujer que tenga opción a practicarse el aborto legal por única vez, también son muy cuestionables, porque la pobreza que el Gobierno sigue midiendo en términos capitalistas de ingresos económicos introduce una puerta que mañana podrán utilizar programas de exterminio de poblaciones indígenas que no son pobres, pero que son convertidas en pobres a partir de parámetros de medición capitalistas urbanos. 

Como el caso del gobierno de Fujimori, donde se practicaba esterilización coercitiva con mujeres indígenas calificadas como pobres.

En ese contexto, el proyecto presentado por el MAS, como muchas de las cosas que viene haciendo el MAS a puerta cerrada y sin consultar con quienes todos los días lidiamos con el aborto clandestino, tiene graves errores que hay que corregir. Cuando se escucha a las masistas que aprovechan pantalla para defender esta causa se nota que no saben dónde están paradas, se habían acordado que son mujeres en el Gobierno, cuando han avalado a lo largo de estos más de 10 años todo tipo de políticas que atentan contra la dignidad y la libertad de las mujeres. Como, por ejemplo, no declarar la alerta roja nacional inmediata contra la violencia machista y el feminicidio. 

Es grotescamente evidente que  sólo les interesa estar como protagonistas y no realmente transformar la tragedia de la situación del aborto en el país.

No se habla ni una palabra de aborto masculino, que es el abandono de la mujer embarazada, que aplaude el Presidente en sus discursos. Deberíamos entonces introducir la vasectomía al hombre pobre y al padre irresponsable, como en el caso del ministro Eugenio Rojas, para que no procree más hijos de los que es capaz de hacerse responsable.

En la despenalización del aborto hay también una causa política que tiene que ver con la democracia y que no es menos importante. 

La despenalización del aborto es una causa histórica comparable a lo que representó el divorcio en el siglo XIX y que se consiguió en el siglo XX. 

La despenalización del aborto es la eliminación del tutelaje sobre la libertad de las mujeres y por eso es diferente de la legalización. No somos libres mientras exista una vigilancia y manipulación estatal sobre las mujeres como "aparato reproductivo”, para hacernos procrear cuando le conviene o evitar que procreemos cuando a los intereses del Estado le conviene. 

Por eso el aborto tiene que ver con democracia y sólo su despenalización irrestricta dentro de las ocho semanas supone la plena ciudadanía de las mujeres, como lo ha hecho la Cuba de Fidel en los primeros meses de la Revolución cubana, y no como medida oportunista de última hora.
  
María Galindo es miembro de Mujeres Creando.
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