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María Galindo
Desde la acera de enfrente

Paul/Beatriz: el parlamento de los cuerpos

Paul/Beatriz: el parlamento de los cuerpos
Escribo desde Atenas, en el contexto de La Documenta 14, donde estoy participando del "Parlamento de los Cuerpos”, organizado, pensado y abierto por el filósofo Paul B. Preciado, quien es curador de los programas públicos de esta versión.

En un contexto mundial, donde los parlamentos erigidos como máxima expresión de la democracia se han convertido en mamotretos caros, burocráticos, herméticos incapaces de realmente ser escenarios de representación política, ni de discusión ideológica, ni menos aún de diálogo con las sociedades a quienes dicen representar, Preciado lanza esta genial idea.

Se trata de una interpelación directa a las democracias sin cuerpo.

Se trata de un llamado a construir otros escenarios políticos desde donde iniciar una discusión inaugural, renovada, profunda, radical sobre el tiempo que vivimos.

Y no se hagan la idea de que se trata de un esfuerzo fácil de cumplir desde un escenario como la documenta, una muestra de arte contemporáneo, se supone la más grande de Europa financiada por el Estado alemán, con la aspiración tácita de reescribir, vez por vez, la hegemonía cultural germana en su versión imperialista y eurocéntrica. 

Lo que está haciendo Preciado es un tajo de navaja en el vientre de la institución para abrir este escenario alucinante. No es una libertad dada por el espacio de la institución artística, es un espacio peleado, instalado y tomado e inclusive cuasi antagónico a otras voces oficiales dentro de la propia documenta. 

El resultado es simplemente magnífico. Se han convocado voces portadoras de luchas dispares, ininteligibles unas para las otras, voces silenciadas; se han mezclado lugares, posturas ideológicas, sueños, pero también lenguajes: desde el filosófico al poético y ritual. Se han mezclado formas de conocimiento desde el que se construye dentro de la academia, hasta el que se construye en la lucha social. Sin jerarquizar uno respecto del otro. 

Ninguna voz se superponía a la otra, dentro de todas las limitaciones el mecanismo real fue la mutua amplificación, donde cada voz resonó en la siguiente. Asistimos como espectadores inclusive a nuestra propia muerte, cuando abogados y forenses reconstruyeron en detalle dos crímenes fascistas, uno cometido en Kassel, el otro en Atenas, crímenes que retratan la misma banalidad del mal de la que nos hablaba Hana Arendt . A la vuelta de la esquina nos esperan los fascistas para clavarnos un cuchillo, para penalizar el aborto y condenarnos a muerte, para satanizarnos y mandar lincharnos en nombre del nacionalismo, en nombre de la patria, la religión o la familia. 

En el Parlamento de los Cuerpos el desafío mayor no era el hablar, sino el ser capaces de escucharse mutuamente. La idea no era buscar consensos, sino conformar juntas y juntos una especie de complejidad presente donde todos y todas formamos parte de un mismo rompecabezas, al punto que la única conclusión a la que podemos llegar es que faltan muchas piezas más.

 El Parlamento de los Cuerpos no es una anécdota, no es la idea disparatada de un filósofo, que desde el mundo del arte lanza cómodamente una sofisticación inútil.

 El Parlamento de los Cuerpos trasciende los límites de la documenta como institución, trasciende los límites del arte y se presenta como una metodología y un concepto a ser reproducido, y multiplicado infinitamente. Hay que cerrar los parlamentos de la democracia liberal, donde corruptos lavan sus currículos, comen y duermen gastando nuestro tiempo, y abrir parlamentos de los cuerpos, donde debatamos sobre el mundo que queremos.   

 No es casual que esta idea haya florecido en Grecia, en el contexto de un país al que se le ha impuesto un régimen de austeridad mientras se lo está rifando, tal cual se hizo con América Latina y el ajuste estructural. La resistencia nace desde la gente, en un contexto donde el gobierno no es capaz de asumir esa voluntad popular como propia, eso es lo que está pasando en Grecia. ¿Pero no está pasando acaso otro poco de lo mismo en la Bolivia de hoy, donde estamos rifando los recursos a un nuevo proceso extractivita, sin que realmente el Parlamento nos garantice el cumplimiento de la Constitución Política del Estado que nos dice que somos soberanos?  


María Galindo es miembro  de Mujeres Creando.
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