La Paz, Bolivia

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María Galindo
Desde la acera de enfrente

Imprescindible mariconada

Imprescindible mariconada
Como muchas veces lo manifesté lo mejor que me ha pasado en la vida es cultivar mi condición de maricona, de lesbiana, de mujer fuera de norma, de anormal.

Todas palabras que lejos de ofenderme me gustan y con las cuales juego a mi antojo. Soy lesbiana pública porque nunca consideré que la cuestión sexual deba ser una cuestión privada, porque considero la cuestión sexual una cuestión fundamental, una cuestión política. 

 Sé que en esto soy muy solitaria pues vivimos en una sociedad que ha mutilado el cuerpo y el sexo del quehacer, y de la vida. El sexo y la sexualidad en nuestra sociedad son algo de lo que no se debe hablar, algo que hay que anular, censurar, vigilar. Tanto castigo milenario y tanta vigilancia han colocado al sexo y la sexualidad en la sala de tortura, en el sótano de la violencia, en las mazmorras de la vergüenza. No se puede hablar de sexo en el colegio, ni mostrar cuerpos desnudos en la pizarra, ni hablar de masturbación, coito, sexo oral o felación, pero sí se puede hablar de violación, de acoso sexual, de incesto.

Estamos perdiendo y torturando el cuerpo rutinariamente. 

 Pero quiero interrumpir la tortura cotidiana del acoso callejero, de la televisión cosificadora, del sensacionalismo violador y asesino para hablar de mariconería.

Hablar de opciones sexuales, de hombres que se visten de mujeres, de mujeres que se niegan a ser mujeres en los términos de sometimiento sexual que la sociedad indica. Quiero hablar de mujeres que exploran su clítoris, de mujeres que se besan y acarician entre mujeres, de mujeres que sin permisos se aman entre mujeres.  Quiero hablar de desorden, de risas, de bromas y caricias prohibidas por la iglesia, y prohibidas por la historia.

 No quiero hablar de mariconería para pedir que no haya discriminación, porque ni todas las toneladas de desprecio, discriminación, ni odio pueden frenar, controlar ni impedir la existencia por fuera de la norma heterosexual. Nuestro secreto no es la aceptación, sino la desobediencia.

 No quiero hablar de mariconería para pedir matrimonio, porque de lo que se trata es de abolir el matrimonio en lugar de remedarlo.

 Quiero hablar del aporte social que hacemos y no me refiero a los libros, canciones, películas, o lo que fuera que hemos ido produciendo a lo largo y ancho del mundo, construyendo un aporte a la cultura y el arte, al punto que si quitaríamos de las estanterías de los libros y de la historia del cine y la cultura del mundo todo lo producido por la mariconada, nos faltarían obras imprescindibles sobre el amor y las pasiones humanas.

 Quiero hablar de la mariconería como la capacidad de desobedecer los mandatos que pesan sobre nuestros cuerpos; quiero hablar de la mariconería como la capacidad social de desmontar lo que se entiende por hombre y lo que se entiende por mujer. Quiero hablar de la mariconería como esa fuerza social capaz de instalar la duda y la pregunta debajo de las sábanas y entre los pliegues de la piel.

Quiero hablar de la mariconería como un llamado social al placer.

Quiero hablar de la mariconería como un llamado a la desobediencia.

Hablo del maricón que en la esquina del barrio vende helados y nos invita a pensar en la vida de manera distinta, de ese maricón que mi padre odia porque es una afrenta a su machismo; quiero hablar de la frutera lesbiana que regala mandarinas dulces a tu madre y le dice picaronamente que sea feliz. 

 La mariconería, lo maricón, lo lesbico, lo queusa, la lesbiana que en aymara se dice - según el diccionario de Bertonio - kakcha es un lugar de ruptura, de quiebre de inquietud. Por eso hemos sido perseguidos por la iglesia y los fascismos, por eso nuestra causa es una causa humana que tiene que ver con el placer y libertad. Por eso nuestra causa no es que nos acepten o rechacen, sino que acepten sus propios cuerpos y reaprendan  a amar y acariciar.

 Por eso nuestra causa rebalsa de nuestras manos para convertirse en causa social y política que emancipa, no sólo nuestro placer sino todos los placeres sexuales.

 Por eso nuestra causa rebalsa de nuestras caderas para convertirse en causa social y política que emancipa, no sólo a las lesbianas y maricones sino a las mujeres de la sumisión femenina y a los hombres de la atadura masculina.

María Galindo es miembro de Mujeres Creando.
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