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Lo pido de rodillas

Lo pido de rodillas
El gesto de sensibilidad del Presidente de devolver a los carabineros chilenos respondiendo al pedido de la madre de uno de ellos es simplemente lindo. 
 
Le han llegado al corazón las súplicas de una mujer desconocida, así espero que le lleguen al corazón del Presidente las súplicas de las madres, hermanas, hijas padres y hermanos de mujeres muertas por feminicidio, y me explico.
 
Ha conmovido a todo el país ver la boca con un gesto roto, intentando explicar lo que le había pasado, a Reynaldo Ramírez, quien en vano busca las palabras y no las encuentra para contarnos lo que pensó y sintió al ser condenado injustamente a 30 años de cárcel sin derecho a indulto por un feminicidio que no cometió.  Pocas veces hemos visto algo tan conmovedor. Nos ha sacudido  la historia de Reynaldo condenado a la mala sin una sola prueba en su contra y habiendo sido torturado por la Policía Boliviana para autoincriminarse. Él no dice casi nada, porque frente a algo tan lapidario es muy poco lo que se puede decir.
 
Reynaldo, con todo su dolor, nos encarna porque no es un caso excepcional, sino el retrato de la justicia boliviana. 
 
No se trata de un caso mal juzgado porque había grandes intereses de por medio; sino todo lo contrario, es un caso "rutinario” en el que, "rutinariamente”, no hubo investigación responsable, ni manejo de pruebas. Es eso lo que nos está sucediendo en los casos de feminicidio donde no hay un autor confeso. Las autopsias mal hechas, los peritajes postergados o no realizados o realizados mal. La conversión de las madres y hermanas, padres y amigas de las víctimas en investigadoras para rogar a los investigadores que hagan su trabajo. 
 
Reynaldo ha tenido entrevistas. Su caso ha sido reconocido por los ministros de Justicia y de Gobierno y el Instituto de investigaciones de la Policía ha hecho su aparición con peritajes científicos. En los hechos el ITCUP, que funciona en la Universidad Policial y que está muy bien equipado, funciona como un ente privado, no actúa en todas las pericias ni mucho menos, y no sé qué mano hay que tener para tocarles la puerta. 
 
Los ojos tristes y hundidos de Reynaldo que nos conmueven son los ojos de todas las madres y amigas de mujeres asesinadas. 
 
Hace ya dos años hemos rogado literalmente a la presidenta de la Cámara de Diputados, Gabriela Montaño, para que se haga una auditoría jurídica de todos los casos de feminicidio acontecidos desde la promulgación de la ley a la fecha. Hace pocos meses hemos reiterado la solicitud al presidente de la Cámara de Senadores y a la comisión de revisión del Nuevo Código Penal. Queremos que un dinero, igualmente al asignado a la comisión de Papeles de Panamá, se otorgue a una comisión parlamentaria que con consultores realice la auditoria jurídica a los casos de feminicidio. 
 
Si todas estas peticiones no han servido para nada, si la impunidad campante y más que demostrada en los casos de feminicidio no han servido, que sirva el caso de Reynaldo para responder al caso, no desde el análisis fácil de que se trata de una fatalidad, porque no es así. No se trata de una fatalidad, sino de una constante. 
 
Los casos de feminicidio no están siendo resueltos, las investigaciones no están siendo bien llevadas, la postergación y lentitud de los procesos es terrorífica. Muchas madres de víctimas abandonan los casos por cansancio, por falta de dinero y por impotencia frente a un aparato de justicia que no funciona.  
 
La vida de las mujeres, el derecho a una vida sin violencia, la justicia en los casos de feminicidio son razones de Estado por demás fundamentales como para que el Presidente vuelva a mostrar esa sensibilidad que acaba de exhibir internacionalmente y ordene la formación de esa comisión parlamentaria de auditoria jurídica. 
 
Menos espacio mediático ha recibido la familia de la mujer asesinada que frente a los hechos tiene pánico de tener que empezar el proceso de cero nuevamente, porque acá no hay una tragedia, sino dos tragedias: la de la impunidad y la de la injusticia juntas. Juntas como dos caras de la misma moneda.
 
Estamos frente a las puertas de la justicia completamente vulnerables, impotentes, a merced de la dejadez, la ignorancia, la manipulación, la mediocridad del aparato de justicia completo. Y en un país donde no hay justicia, no hay nada. 
 
Estamos frente  a las puertas de la justicia completamente vulnerables, impotentes, a merced de la dejadez, la ignorancia, la manipulación.

María Galindo es miembro de Mujeres Creando.
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