La Paz, Bolivia

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María Galindo
Desde la acera de enfrente

Examen de sumisión

Examen de sumisión
Son las diez de la mañana. No las 8. No las 9. Estamos en el parlamento, en la Comisión de Constitución en el "examen oral” de los y las postulantes a las próximas elecciones judiciales. Poco a poco han ido llegando todos los y las integrantes evaluadores, que son alrededor de 15 o más diputados y senadores. Una funcionaria les reparte una fotocopia con las preguntas y las respuestas correctas para que ellos y ellas usen ese material como parámetro de evaluación. Por sí [email protected] no tendrían los criterios de evaluación; así nomás es. 

La sala es ófrica y oscura, tiene un mural de Mamani Mamani, el muralista oficial del proceso de cambio inspirado en el manejo de color de la industria china -en su calidad más baja, que es la que llega a Bolivia-. El sonido es lo más profesional que hay en la sala, que se completa con tres grandes banderas la boliviana, la whipala y la del mar que es muy parecida a la de la Unión Europea. Veo tanto espacio vacío en el "Palacio de la Revolución” (porque en los otros ambientes, visto está que nadie trabaja) que no dejo de preguntarme: ¿para qué quieren los y las parlamentarias otro mamotreto más?, ¿será para las ratas? 

Mi intención de asistir a ese examen es transmitir por Radio Deseo, en vivo, una sola mañana de tan pobre acto, porque si le dedico más de una sesión seguro que pierdo público.

Mido el tiempo del llamado examen: el promedio es de 4 minutos 2 segundos, incluido el tiempo de formulación de las preguntas. 

Ningún parlamentario tiene opción de repreguntar y es inocultable que estamos frente a un simulacro. Algo que no tiene profundidad, que no tiene sentido y que no aporta criterio de selección. Ni el examen oral más elemental que haya pasado boliviano alguno en la escuela o la universidad es tan regalado como el que me toca presenciar.

Pregunta: ¿qué haría usted para mejorar la imagen del poder judicial?

Respuesta: Creo que es importante crear un correo electrónico para que el mundo litigante se pueda comunicar por esta vía.

Esperaba en la puerta a los y las ya examinados para proponerles otro examen en Radio Deseo.
 
La mayor parte no me aceptaron o huyeron directamente aunque se supone que si salen elegidos, perdón postulados, pues tendrán que ir a los medios de comunicación.

Mis preguntas eran muy diferentes:

Pregunta: ¿qué derechos constitucionales se han violado en el caso del ex magistrado Cusi?

Respuesta: No estoy al tanto del caso.

P: ¿Conoce usted la sentencia constitucional referida al tema del aborto y nos podría resumir su contenido?

R: No en detalle.

P: ¿Sería constitucional mandar hoy a la cárcel en Bolivia a una mujer que aborta por fuera de las causales señaladas en el código penal?

R: Habría que estudiar el caso.

P: ¿No le parece un examen regalado?

R: No, nos han dicho que no nos extendamos y que todo debe durar seis minutos.

Veo que uno de los postulantes que además reparte ya propaganda en papel couché con sus propuestas viene acompañado de la abogada de Marco Cámara, el mayor proxeneta del país y me acerco para hacerle un examen que acepta gustoso.

Pregunta: ¿Por qué le acompaña la abogada del mayor proxeneta del país, está éste auspiciando su postulación?

R: Soy libre de ir con quien yo considere. 

Y sale huyendo, dejándome con la palabra en la boca.

No he verificado si este individuo está o no en la lista de preseleccionados; lo cierto es que llegó a la última fase del examen oral sin que la comisión haya identificado antes nada.

La prensa llega un ratito, toma algunas imágenes con ese adormecimiento de tener que cubrir todo sin entrar en detalle; simplemente lanzando la referencia a la sociedad de que están rindiendo un examen oral. No hacen una cobertura en profundidad ni en detalle y ninguna noticia incluye el ridículo tiempo de duración de la prueba, la pasividad y falta de atención con que los parlamentarios escuchan la verborrea. Nadie da cuenta que esto no es un examen sino una simulación.

El postulante que yo supongo auspiciado desde dentro de la cárcel de San Pedro, apostaría que tampoco es una excepción. 

Los y las postulantes no quieren hablar conmigo, porque antes de nada ya tienen secuestrada la voz; tienen miedo de decir algo que a la Comisión no le guste y quedar descalificados. Lo que quieren aprobar es un examen de sumisión y no de manejo del derecho y las leyes. 

María Galindo es miembro de Mujeres Creando.
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