La Paz, Bolivia

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María Galindo
Desde la acera de enfrente

Huaracas al viento

Huaracas al viento
En el altiplano, rodeada de la nada, con la manta amarrada a la cintura, con los brazos extendidos como cóndor  que  levanta vuelo, ella lanza con su huaraca piedras que tienen la fuerza de la indignación, la dignidad y la rabia. 

Se trata del primer movimiento "ciudadano” contra la corrupción y ha nacido en Achacachi contra el alcalde.

 Los jerarcas del Movimiento Al Socialismo responden con represión, con difamación, con confusión.  Parece que intuitivamente y sin reflexionar tienen que proteger al corrupto porque con él se identifican. Lo protege el Vicepresidente, como si de él mismo se tratara, lo socapan como si de Evo se tratara. 

 Creen haber sofocado el conflicto suspendiendo la vigilia a patadas y gasificando el bloqueo, donde se cometieron acciones criminales por parte de la Policía, como es el hecho de gasificar un minibús en marcha, que de no haber parado hubiera dejado víctimas mortales.

 Un conflicto que corre la cortina para mostrar la verdadera cara de muchos fenómenos al mismo tiempo. 

 El primer, y más elocuente, es la desconexión del Gobierno con la sociedad. Eugenio  Rojas es de Achacachi pero para nada sirve, porque hace tiempo que ha dejado de ser de allí, porque se ha enajenado de su pertenencia y hoy es un envase vacío, que no parece conocer ni poder identificar el tejido social altiplánico, achacacheño.

Eugenio Rojas no sólo funciona al interior del Gobierno como una nulidad que para nada sirve, sino que funciona para demostrar un fenómeno generalizado de aquellos pocos personajes gubernamentales de origen indígena. El fenómeno es que no había bastado con provenir de una región o de un sector, sino que si esa condición no se traduce en formas diferentes de hacer gobierno, para nada sirven.

 El segundo fenómeno es el de los Ponchos Rojos, que tampoco le "sirven” al Gobierno para nada y también funcionan como "envase vacío” en lo que a organizaciones sociales se refiere. Otro fenómeno típico de este Gobierno: llenarse la boca diciendo que es un gobierno de organizaciones sociales, cuando es un gobierno que ha inventado algunas organizaciones sociales, como el caso de los Ponchos Rojos, sobre la base de prebendas, sobre la base de tener algunos dirigentes de su lado, que están allí únicamente si gozan del festín de la corrupción, pero no por convicciones ideológicas, políticas o sociales. 

 Los Ponchos Rojos son otra de las falsedades gubernamentales con relación a los movimientos sociales. En el caso de Achacachi y de este movimiento ciudadano contra la corrupción, los Ponchos Rojos no le sirven al Gobierno para nada. 

Han marchado el 6 de agosto, a pocos kilómetros de la zona del conflicto, en un despliegue militar carísimo, para montar una farsa que de nada ha servido. Ni con toda esa plata y toda esa gente se atrevieron a marchar en Achacachi, pero su desfile militar, con Ponchos Rojos incluidos, no les sirvió sino como malgasto de dinero, como show televisivo y como autoengaño.

El tercer fenómeno que devela este conflicto es que el Gobierno ya no sólo socapa la corrupción, ya no sólo corrompe dirigentes y organizaciones sociales enteras, ya no sólo miente, sino que se engaña a sí mismo. Parte de las mentiras y falseamientos no están dirigidos a maquillar la realidad, sino a mentirse a sí mismos.

 El cuarto fenómeno que devela de forma clara este conflicto es el triste papel del Defensor del Pueblo, un hombre incapaz, funcional y servil al Gobierno, al grado más extremo que desconoce los mecanismos del conflicto social en Bolivia.  Parecía muy fácil elegirlo con sus dos tercios en el Parlamento, aunque balbuceó en el examen. Pareció simple, ante cientos de postulantes, elegir al peor; hoy en el conflicto de Achacachi es el Gobierno el que paga los platos rotos del cantinflesco Defensor que sólo entorpece lo que toca. 

 Han enviado presos a Patacamaya, han reprimido con gases, han socapado al corrupto y han levantado una vigilia a patadas. Ésa es la forma como se ha maltratado al primer movimiento ciudadano contra la corrupción.

 Y, por último, han demostrado que poco o nada tienen de gobierno "indígena”, porque nuevamente no saben entender la fuerza de un movimiento indígena, como es el movimiento de las huaracas al viento de Achacachi.  

María Galindo es miembro de Mujeres Creando.
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