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Continuidades y rupturas

La azarosa trayectoria de un revolucionario olvidado

La azarosa trayectoria de un revolucionario olvidado
El recorrido por la vida de ciertos personajes de la historia, usualmente  borrados por los grandes acontecimientos políticos y sociales, nos remite a escenarios  insospechados que existieron en el país, protagonizados  de manera magistral por dichos actores. Nos referimos a la vida de Roberto Hinojosa, un joven intelectual revolucionario, cochabambino, que durante  las décadas de los 30 y 40 del siglo pasado tuvo una intensa actividad política dentro y fuera de Bolivia, en sus largos exilios o misiones diplomáticas forzadas, en las que siempre destacaba porque no negociaba sus ideas radicales y las instalaba sin contemplaciones en cualquier escenario político o mediático, despertando la simpatía y acercamiento de autoridades relevantes, como el presidente Lázaro Cárdenas.

 Muy joven fue miembro de la Federación  de Estudiantes de Cochabamba, de la que surgieron grandes intelectuales de la izquierda radical boliviana. Intransigente y opositor a los gobiernos liberales de turno, fundó el Partido Socialista ‘Máximo’  y no dudaba en asumir acciones extremas. Quizá la más importante  fue la planificación de un asalto al poder con un grupo de exiliados bolivianos en Argentina, con los que preparó una sublevación armada con la justificación de evitar la guerra con Paraguay, argumentando que se trataba de una contienda bélica alentada por el poder político de turno para recuperar su legitimidad. 

Así,  en junio de 1930, proclamó la República Socialista de Bolivia Obrero - Campesina, tomó  por las armas el pueblo de Villazón, desde donde marcharían a La Paz, con un extenso y profundo programa de gobierno que conducía a Bolivia directamente  al socialismo, embanderando medidas como la nacionalización de las minas, ferrocarriles e industrias, la liquidación del latifundio y la sindicalización obligatoria, entre otras. Pero no logró seguidores y su iniciativa fue calificada como una aventura pequeño burguesa.

 Su figura  era muy conocida en la intelectualidad izquierdista latinoamericana porque estuvo permanentemente vinculado con el  acontecer político internacional, particularmente con México; al punto  que creó un partido homólogo al PRI, el Partido de la Revolución Boliviana, pero que no logró ningún impacto electoral. Con un gran talento y exquisitez  para escribir, publicó en diarios nacionales e internacionales, expresando su rebeldía y crítica social, radicalmente anticlerical, antimilitarista y antimperialista. 

 Otro momento impactante en su vida, años después, fue su cercanía con el presidente Gualberto Villarroel,  a quien apoyó incondicionalmente, defendiendo al Gobierno y proclamando sus ideas en boletines públicos, en la prensa y la radio. Esta vez con un tinte más nacionalista que comunista. Participó activamente en la organización del Congreso Indigenal de 1945, uno de los hechos más importantes del gobierno de Villarroel. 

 Estos personajes pasan por la historia de pronto, en el momento o en el lugar equivocado. Creativo, intrépido e irradiando una incansable energía, terminó sus días de manera trágica, como relata el texto de Andrey Schelchkov, que reconstruye y nos comparte episodios de su vida  durante la sublevación popular contra Villarroel,  en julio de 1946, cuando, después de haber disparado una ametralladora desde el Hotel París, trató de huir por los techos vecinos y fue asesinado, y arrastrado a la plaza Murillo, donde fue colgado en un farol, junto al entonces Presidente de Bolivia. 

María Teresa Zegada es socióloga.
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