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Continuidades y rupturas

¿El resurgimiento de la COB?

¿El resurgimiento de la COB?
El último conflicto de la Central Obrera Boliviana (COB) muestra una suerte de "regeneración” de uno de los actores que fue protagonista principal de la sociedad civil boliviana desde su conformación, en 1952. Esta  última huelga escalonada logró paralizar algunos departamentos del país, movilizar a altas autoridades del Gobierno, como el propio Vicepresidente,  e imponer un escenario de negociación a sus interlocutores. En general, el papel de la COB durante los gobiernos de Evo Morales ha estado muy deslucido. Desde los primeros meses su presencia fue marginal, tanto en las decisiones como en los escenarios de protesta, que sólo alcanzaron un punto alto entre los años 2010 y  2012.

 No obstante, esta situación de reflujo proviene de más atrás. El punto de inflexión fue la implantación del Decreto Supremo 21060 y las medidas neoliberales con la consecuente desarticulación de este sujeto colectivo. De ahí en adelante sus demandas se restringieron básicamente al ámbito laboral y salarial, y su capacidad de convocatoria estuvo muy limitada a los sectores involucrados en el conflicto directo, sin mayor impacto social y político.

 La Central Obrera nunca fue un sindicato o corporación laboral más. Desde su fundación jugó un rol político central, fue capaz de lograr cambios de políticas públicas,  ministros y aún  presidentes de la República, generando un polo opositor a los gobiernos de turno; sin embargo, su presencia se fue debilitando desde mediados de los años 80, al punto de que las medidas de presión que propiciaba no repercutían ni siquiera en sus interlocutores, provocando un mayor desgaste.

 La declinación se explica por el propio contexto histórico y el golpe de timón del modelo neoliberal pero, sobre todo, por la recomposición interna del sector de trabajadores provocada por la relocalización de los mineros, que durante décadas fueron la vanguardia del movimiento obrero, pues  constituían el sector estratégico de la economía boliviana y conllevaban un proceso de ideologización muy fuerte. Más adelante, en cambio, cobraron protagonismo al interior de la COB sectores medios, como el magisterio o los empleados públicos, otorgándole un sentido distinto.

 Esta situación de dilución de protagonismo se torna aún más aguda durante el gobierno de Evo Morales. En este caso concreto, debido a las características del Gobierno "de los movimientos sociales”, es preciso poner atención al vínculo que se establece con la Central Obrera Boliviana, pues la calidad de la relación en muchos casos define el derrotero del actor colectivo. 

 Hubo ocasiones en la historia en que la COB actuó  desde un espacio externo al Estado y, con seguridad, han sido aquellos momentos en que se encontraba más fortalecida y con mayor capacidad de acción colectiva. Esta fortaleza provenía justamente de su autonomía respecto del poder; en cambio, en muchas otras coyunturas ha estado subordinada al poder y en éstos resulta altamente debilitada, dividida en fracciones, y posiciones.

 Si bien en el último conflicto hubieron escenas de represión y apresamientos a dirigentes, con seguridad el dispositivo más útil para el Gobierno será la negociación y, en su caso, los recursos de intercambio político habituales, como el prebendalismo o  el "entrismo” a las organizaciones para lograr una subordinación al proyecto de poder, quitándole su esencia que, por naturaleza, es contra hegemónica.

María Teresa Zegada es socióloga y analista política.
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