La Paz, Bolivia

Lunes 23 de Octubre | 23:46 hs

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María Teresa Zegada
Continuidades y rupturas

[email protected] por la democracia

Autoconvocad@s por la democracia
Palabras y frases como movimientos sociales,  concentraciones, movilizaciones, hermanos y hermanas indígena-originario-campesinos, proceso de cambio, entre muchas otras, aparecen hoy vacías de contenido. Todas ellas adquirían sentido en la medida en que se articulaban a principios ideológicos y políticos contrahegemónicos, emancipadores, con capacidad de cuestionar al orden existente e interpelar al poder estatal. Fueron los dispositivos que desencadenaron los grandes procesos históricos de  principios del siglo XXI en Bolivia.

  Estos conceptos  carecen de sentido pues  fueron apropiados por el poder político,  adoptados por el Estado para autonombrarse el gobierno de los movimientos sociales y, desde el poder, instruir el apoyo al proceso de cambio; por tanto, sirven para legitimar las acciones públicas, tomar decisiones y gobernar. Pero también,  a  nombre de los movimientos sociales, se han cometido una serie de distorsiones y abusos como, por ejemplo, el  millonario desfalco propiciado en el Fondo Indígena o  la vulneración de  derechos de los pueblos indígenas. A nombre también de los movimientos sociales se pretende forzar las disposiciones  constitucionales para permitir la reelección del presidente en ejercicio, vulnerando los mecanismos establecidos para modificar la Constitución.

 Entonces, ¿quién convoca a las movilizaciones políticas que hoy cuestionan al poder? La sociedad ha encontrado maneras de expresar su desacuerdo o disgusto con el poder o la defensa de sus derechos a través de la creación de colectivos ciudadanos sobre temas específicos: contra la violencia de género, en defensa del medioambiente y territorios protegidos, a favor de los derechos indígenas, entre muchos otros, y que coyunturalmente se aglutinan para expresar desacuerdos que trascienden sus protestas particulares, como en este caso, su protesta contra el recurso presentado por los partidarios del Gobierno para modificar la disposición constitucional que limita la reelección presidencial.  

 Por otra parte, también la ciudadanía participa de manera más fluida a través de convocatorias por las redes sociales, sale a las calles, responde a los llamados. La ciudadanía se autoconvoca.

 Paradójicamente, la defensa de la democracia en  medio de la conmemoración de un aniversario más de su recuperación, se convierte en un dispositivo aglutinante que trasciende particularismos, intereses, diferencias sexuales, etáreas, sectoriales e, inclusive, militancias políticas. La democracia boliviana atravesó por  episodios verdaderamente críticos, como el que siguió la caída de Sánchez de Lozada y la renuncia de Mesa, en 2004,  que pusieron al país al borde de la inestabilidad política; sin embargo, la población se movilizó para buscar una salida constitucional y evitar su debacle. 

 Estos días, la presencia masiva de la población autoconvocada en las calles de distintas ciudades del país es una muestra de la gran preocupación y suspicacia respecto a las recientes decisiones políticas  de lograr la repostulación del Presidente poniendo en riesgo la democracia.

 No obstante, es preciso preservar el derecho ciudadano de movilizarse y protestar espontáneamente, y advertir que la presencia de líderes políticos opositores que pretenden asumir estas banderas como propias, invalidan el sentido de las expresiones ciudadanas y las distorsionan por completo.

María Teresa Zegada es socióloga.
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