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Continuidades y rupturas

¿Quien inventó el 21 F?

¿Quien inventó el 21 F?
Los emblemas, los mitos, las fechas conmemorativas e incluso los héroes son construcciones sociales. Es decir, son creaciones de sujetos individuales o colectivos que buscan establecer referentes, marcar la memoria histórica y lograr que su rememoración los convierta en un hecho real.

 Por supuesto, se trata de actos políticos. En esa medida, y salvando las distancias con hechos de la memoria larga, la próxima rememoración del 21 de febrero de 2016, un año después,  se ha convertido en un gran acontecimiento político. En realidad, el 21 de febrero de 2017 no sucedería absolutamente nada, sería un día más del calendario, si es que los personajes políticos actuales no se habrían dado a la tarea de traerlo a la memoria y ponerlo en el centro del debate político,  en ambos casos partiendo de posiciones radicales, y confrontadoras que buscan dividir al país: en el caso del MAS, etiquetándolo como "el día de la mentira” o "el referendo del engaño”, y, desde la oposición, destacando el rechazo a la reelección de Evo Morales con la frase "Bolivia dice NO”.

 En realidad, el 21 de febrero de 2016 se convocó a una consulta ciudadana sobre la posibilidad de abrir la Constitución para modificar un artículo que permita introducir la reelección presidencial. La pregunta no estaba referida directamente al apoyo  al actual Presidente, pero lo involucraba de manera indirecta, pues estaba en juego el apoyo a una posible reelección. En medio de un ambiente tenso, en esa ocasión, la población acudió masivamente a emitir su voto  y el rechazo a esta opción ganó con el 51,3%. 

 En el caso del MAS, en un ejercicio de autocrítica, se pretende explicar este resultado por algunos "errores” cometidos respecto al momento y tenor de la consulta, pero en general se tiende a encubrir el resultado, señalando que la población fue engañada, porque un hecho político que  difundió la oposición, apenas unos días antes de la votación -el caso Zapata-, habría saboteado los resultados y distorsionado el voto ciudadano que, seguramente, desde su perspectiva, hubiera favorecido al masismo. En la otra orilla, la oposición busca llevar agua a su molino señalando que fueron los artífices del voto que se opuso a la modificación constitucional.

 El resultado de la votación se explica por varias razones que estuvieron presentes en el momento del voto, implicaba, evidentemente, una posición crítica frente al actual gobierno causada por el desgaste de la gestión, los impactos del destape de la corrupción, que contaminó al Gobierno y las organizaciones con el Fondo Indígena, a lo que se sumó la reacción frente al caso Zapata, entre otros, pero también el disgusto de la población frente a la arbitrariedad de abrir la Constitución con fines políticos. 

 Lo cierto es que el "aniversario” creado alrededor de este evento ha generado posiciones divididas, una batalla simbólica traducida en movilizaciones políticas  en todos los departamentos del país, en un despliegue y demostración de fuerzas. El riesgo es que, como están los ánimos, éstas terminen en violencia física y confrontación.

 De cualquier manera, la población dio su veredicto sobre la consulta realizada. Sea cual fuere el motivo por el cual la gente votó, con o sin influencia política, "con o sin engaño”, el resultado, que fue emitido transparentemente por el Tribuna Supremo Electoral en ese momento, debe ser respetado y acatado por las instituciones democráticas hacia las próximas elecciones de 2019.
 
Esas son las reglas de la democracia, lo demás constituye una falta de respeto a uno de los actos democráticos más relevantes, como es la voluntad popular expresada en el voto. 


María Teresa Zegada es socióloga.
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