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María Teresa Zegada
Continuidades y rupturas

Los falsos positivos de la descolonización

Los falsos positivos de la descolonización

María Teresa Zegada

La crisis política de inicios de siglo y la llegada de  Evo Morales a la presidencia anunciaban la esperada transformación estatal: el fin de la exclusión de los pueblos indígenas. La autoidentificación como  "primer presidente indígena”, el contenido de sus discursos que no sólo recuperaban a los héroes indígenas de la historia como Túpak Katari, Bartolina Sisa, Zárate Willca, sino que remarcaban la memoria de 500 años de humillación y exclusión y el alumbramiento de una nueva era de 500 años de  indígenas en el poder, no podían sino significar el cambio histórico anhelado por los pueblos indígenas que en principio expresaron su adhesión y algarabía. La lucha contra la dominación colonial habría llegado a su fin y la descolonización llegaba para quedarse. 

Los pueblos indígenas fueron un dato marginal en la historia republicana  de Bolivia. Las formas de dominación y explotación española se reprodujeron mediante el neocolonialismo o colonialismo interno que excluyó sistemáticamente a los pueblos indígenas del poder estatal. La alianza circunstancial de los indios con los partidos de la élite como sucedió, por ejemplo, durante la revolución federal en 1899, terminó en un triste episodio de traición y aislamiento por parte de los grupos de poder. El momento de mayor expectativa fue la revolución del 52, pero este gran acto de masas populares  invisibilizó a los indígenas bajo el discurso homogenizante de "pueblo” o "sectores populares”, y así continuó la historia de un colonialismo reeditado que ignoró su presencia,  sus procesos organizativos y crecientes demandas.

La recuperación de la democracia junto al modelo neoliberal no parecía traer mayores novedades, aunque  ante la contundente presencia y movilización de los pueblos indígenas, se lograron avances en el marco del multiculturalismo: el reconocimiento a las tierras comunitarias de origen, el respeto a los derechos de los pueblos, la presencia de un líder indígena como vicepresidente de Sánchez de Lozada y otras medidas legislativas y públicas, en un contexto en el cual esta problemática no era prioridad de los gobernantes de turno.

Por estas razones, cuando Evo Morales arriba a la presidencia, asume la representación indígena y  patrocina el acto más importante de su gobierno como  fue la Asamblea Constituyente, el "gigante dormido” parecía echar a andar. Los primeros años de gestión estuvieron  llenos de discursos y símbolos referidos a la descolonización; esta noción se incluyó en leyes y decretos, se estableció el día de la descolonización (12 de octubre), el día del Estado Plurinacional, se declaró feriado nacional el Año Nuevo Andino Amazónico, se creó el Viceministerio de Descolonización, entre muchísimos otros actos simbólicos.

Sin embargo, las distancias entre esta parafernalia descolonizadora  y la realidad comenzaron a revelarse de manera cada vez más evidente. La reducción de escaños indígenas; la supeditación de los derechos de los pueblos a las políticas nacionalistas, desarrollistas y extractivistas; el avasallamiento a los territorios protegidos en distintos lugares del país; la violación de los derechos como la consulta previa establecida en la Constitución Plurinacional, entre otros, muestran la fragilidad de dicho discurso.

Así, los falsos positivos de la descolonización están en la actuación del propio Gobierno autodenominado indígena, mediante  hechos reales que atentan contra la integridad de los indígenas. 

María Teresa Zegada es socióloga.
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