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Mery Vaca
Tábano

Lapidación virtual en las redes

Lapidación virtual en las redes
Las redes sociales son el mayor espacio de libertad que tenemos los bolivianos. El espacio donde podemos expresarnos sin censuras, sin presiones, sin asfixias.

Las redes sociales son, también, el nuevo espacio de lapidación pública, cuyas principales víctimas suelen ser las mujeres.

Paola Belmonte fue una víctima. Fabiola Chávez fue una víctima. Claudia Fernández y el hijo que espera son víctimas, así como lo son Marianela Paco, Graciela Reque, Ángela Bernardo y una larga lista difícil de completar.

A riesgo de recibir algunas pedradas por defender la dignidad humana por encima de los prejuicios y de las ideologías políticas, pongo en discusión la crueldad que se destila por las redes sociales. 

Se ha hecho viral un video en el que la presentadora de televisión Fabiola Chávez baila en vez de prestar atención a una receta, y luego sostiene un cruce de palabras con la chef Laura León. "No me busques que me vas a encontrar y va a ser peor”, dice.

La actitud de Chávez es reprochable por displicente y altanera. Sin embargo, la campaña que se ha desatado en las redes en su contra es desmedida.

Hacer referencia a su edad, a su apariencia, a su nacionalidad o querer expulsarla del país y amenazarla de muerte muestra el grado de intolerancia y de xenofobia que circulan por las redes sociales.

Las turbas que antes perseguían, apedreaban y linchaban en las plazas públicas, ahora lo hacen desde el celular o la computadora. El efecto virtual puede ser tan devastador como la hoguera en la Edad Media. 

Otra reciente víctima de las redes es Claudia Fernández, la esposa del vicepresidente Álvaro García Linera. Desde el anuncio de su embarazo ha recibido las piedras de los más irracionales internautas opositores que, en el afán de atacar a su marido, la han herido a ella.

El Vicepresidente denigra públicamente a los periodistas, insulta a los opositores y ataca a las organizaciones de la sociedad civil; sin embargo, eso no puede justificar pedradas contra su familia.

Marianela Paco ha sido y sigue siendo otro blanco de los despiadados tuiteros y facebookeros que, ¡sí señores!, la atacan por su origen, por su sombrero, por su formación y ahora también por su enfermedad. 

Podemos discrepar con Paco, podemos cuestionarla por asfixiar medios de comunicación, por ejecutar una estrategia de redes en contra de los periodistas independientes, por su intolerancia con los que piensan diferente, pero no podemos permitir que su estrategia nos convierta en aquello que criticamos. 

En todo caso, los insultos dicen mucho más de quien los profiere que de quien los sufre.
El incidente de agresiones protagonizado por la periodista Graciela Reque y el médico Nicolás Mitru ha desatado también una descarnada campaña en contra de la informadora, pero no en el plano del respeto o la sana crítica constructiva, sino en el inframundo del insulto y de la bajeza.
 
Se puede cuestionar su forma de abordar a un entrevistado, se puede criticar que no haya puesto la otra mejilla y que haya reaccionado con tanta ira como la del médico. Pero, lo que ocurrió en las redes en su contra es desmesurado.

Y, la prueba de que esto no sólo pasa en Bolivia, es que la biotecnóloga y redactora de una publicación sobre ciencia, Ángela Bernardo (española), ha recibido un virulento ataque, con amenazas de muerte y de violación, luego de haber tuiteado que entre los seis premiados este año con el Nobel hay cero mujeres.

No es lo mismo linchar virtualmente a un hombre que lapidar a una mujer en las redes. Para ellas abundan los descalificativos como puta, loca, histérica, demente, descontrolada, idiota y no falta  el que cree que "necesita un hombre”.

El escritor Umberto Eco, antes de irse de este mundo, dejó una frase que yo no hubiera querido leer y menos reproducir: "Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos rápidamente eran silenciados, pero ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel.  Es la invasión de los imbéciles”.

No le demos la razón a Umberto Eco ni argumentos a Marianela Paco para que nos censure, aprendamos a convivir civilizadamente y en libertad, en el bar de la esquina y también en las redes sociales.

Mery Vaca es periodista.
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