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En nuestra nave también se escucha: “Pase, hay campito”

En nuestra nave también se escucha: “Pase, hay campito”
El próximo lunes se conmemorará el Día Mundial de la Población.  La propuesta de instituir  ese hito histórico partió del Consejo de Administración del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en 1987, destacando  los 5.000 millones de habitantes en el planeta,  recomendando  el 11 de julio para su celebración.

 La población mundial alcanzó los 7.000 millones en 2011, este gran aumento en el número de habitantes del  mundo conlleva grandes retos y afecta  a la sostenibilidad como  a los servicios indispensables. Por esos antecedentes la Asamblea General insta al Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) a que continúe realizando actividades encaminadas a  una mejor compresión de las cuestiones relativas a la población. 

   En esta fecha dedicada a los habitantes de la tierra se buscará, otra vez, tomar consciencia de  una realidad alarmante debido a la pobreza y desigualdad que imperan. El mundo está viendo un número récord de personas desplazadas por las crisis,  unos 60 millones según las últimas cifras de la  UNFPA trabajan en situaciones de emergencia en todo el mundo para responder a sus derechos y  necesidades.

 En relación con esto hay un importante dato: la riqueza mundial no está dispersa como el aire. Se concentra en pocas manos. El 1% de la población mundial acapara casi la mitad de la riqueza global y su patrimonio crece cada vez más, según  la consultora estadounidense  Boston Consulting Group,  que calcula que la riqueza financiera mundial (excluyendo activos inmobiliarios) llega a los 168 billones de dólares.

  Al margen de estadísticas puntuales de cuántos somos, vienen al caso otras consideraciones:  estos años son testigos del mayor crecimiento de la población humana y también de una dramática contabilidad de grandes problemas como, por ejemplo, una crisis mundial  de alimentos ya ostensible,  un deteriorado medioambiente que acelera el recalentamiento  climático , cuyas repercusiones dañan a los países más pobres y entre ellos el nuestro.

 Corresponderá a las autoridades, cuya competencia es una responsabilidad en ese sentido, planificar y aplicar políticas públicas de  liberación de ese crecimiento negativo urbano. Porque viene ocurriendo, desde hace tiempo, que la gente del campo se ubica, en distintas ciudades,  mayormente en La Paz, al margen de la marginalidad.

 Al dejar el siglo XX parecía menguar la tasa de crecimiento y con ese referente se calculaba  9.000  millones de habitantes para el nuevo siglo. Sin embargo,  se ha sobrepasado esa estimación, según  amplios  informes de la ONU y  otros organismos, bajo el lema:  "Liberar el potencial del crecimiento urbano”, con  observaciones para encontrar otros rumbos. En lo que nos toca, no podemos menos que asumirlas.

 Grandes grupos se instalan hacinados  precariamente en los cinturones de suburbio. Son escasas las posibilidades que les brindan los ámbitos urbanos, en los que apenas sobreviven algunos que venden por las calles una simple mercancía que en nada garantiza el porvenir que quizás lo sueñan en una "payasa de paja” en las noches de descanso de no pocas fatigas cotidianas.

 La perspectiva, quedándose en sus lugares de origen, tampoco es halagüeña. En el campo no existen facilidades para el laboreo modernizado que hagan posible una producción y productividad en otras dimensiones que las tradicionales (No podemos negar empero que gracias a que siguen rudimentariamente laborando, con esfuerzo no siempre reconocido, no nos morimos de hambre, ni ellos, a pesar de vivir en penosas condiciones.
 
 Otra cosa son los intermediarios que comercializan esos productos y que obtienen  ganancias inclusive de especulación).

Para liberar el potencial urbano, como lo propone UNFPA, hay mucho que cambiar. Si el habitante sale de un área rural, que no le ofrece nada, y llega a una ciudad, que no le ofrece nada, (situación que no es de ahora), ya que se planteó "el cambio”, que sea el poblador mayoritario de nuestro país el titular de ese beneficio y no un hombre o una mujer descartables.   

Mario Castro es periodista.

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