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Mario Castro
Desde el mirador

Muchos jóvenes esperan  más que discursos

Muchos jóvenes esperan  más que discursos
Hace pocos días, el 21 de septiembre  se instalaron los efluvios primaverales. Desde hace mucho tiempo, el curso de la vida de los seres humanos se relacionó con la renovación de las estaciones. Y con esa lente la primavera, por el florecimiento, corresponde a la juventud.  Aquí se instituyó el comienzo de esta estación  como Día del estudiante y la juventud.
 
Lo apuntado convida a algunas reflexiones. Si bien los jóvenes deben desarrollar sus propias inquietudes, es indispensable también que se les dote de las posibilidades y facilidades propicias. Como nos desenvolvemos  en un conglomerado social tan heterogéneo, es insoslayable crear esas condiciones sin exclusiones. Entonces, cada joven se revelará contra la mezquina definición de repetirse con el espejo del pasado. Así de ellos asimilaremos la nueva sabiduría. Con ellos compartiremos la nueva alegría y nos revitalizaremos con la nueva emoción de sus años jóvenes.  
La llegada de la primavera motiva también algunas consideraciones respecto del sector juvenil y su proyección. En nuestro país de qué manera se plantea allanar soluciones ¿sobre qué bases?, ¿para quiénes?, ¿cómo?, ¿dónde y a partir de qué planificación,  bienes y servicios para la juventud?
 
En las demandas para el crecimiento general existe una interrogante a la que aún no se ha dado respuesta: ¿se ve con prioridad  el desarrollo de la juventud?  Unas acciones aisladas son muy lejanas  a las políticas integrales que benefician a la totalidad, y los planes  parciales en realidad no han resuelto muchos problemas pendientes:  pobreza, educación, salud y otros asuntos esenciales, como la ocupación útil en relación con los jóvenes.
 
Volcamos la mirada a esa población juvenil en nuestro país, cuya perspectiva obliga a tomar en cuenta cuestiones de la mayor importancia aún no consideradas en profundidad dentro de políticas de Estado. No se conoce  planteamientos amplios  de cómo se enfoca la consecución de recursos económicos para esa finalidad. En otra de sus facetas, el destino de recursos materiales para apuntalar la orientación que se debe dar a la gente  joven. Generalmente escuchamos  sendos discursos que señalan que se dará prioridad a  sus aspiraciones porque son "la expectativa del país”, pero, en realidad,  se han ido acumulando los problemas que les atañe.     
 
En la celebración juvenil se recordó enunciados en  su favor  y se reiteró retóricamente su mejor destino. Empero, el asunto merece otra atención para ayudarlos en gratificantes  actividades para ellos e, inclusive, para que se desempeñen con idoneidad en cargos de conducción, orientación y liderazgo. 
 
El  Centro de Estudios Para el Desarrollo Laboral y Agrario, una entidad avalada por su experiencia y el aporte de reconocidos profesionales, ha hecho conocer estudios  que  no dejan de sorprender, porque son  miles de jóvenes que no tienen empleo. Un agregado pertinente es que si la situación general no cambia y las tasas de empleo juvenil van a seguir manteniéndose en los mismos niveles.
 
El problema no se reduce a  frustraciones individuales por no ser absorbidos por la fuerza de trabajo, de lo que se trata es que hay una afectación de grupo, que es un buen segmento poblacional.  El riesgo que llama a preocupación es que ya se dan muchos casos, entre 17 a 25 años de edad,  de abandonos en esta búsqueda  por no poder encontrar puestos laborales y lo peor es que  podrían deslizarse al despeñadero de lo irracional y entrar en los círculos del delito,  por no encontrar lugar en el mercado de ocupación.
 
 El empleo juvenil a nivel mundial sufre un grave deterioro como consecuencia de la crisis en los países desarrollados. Esto lo revela el último informe de la  Organización Mundial del Trabajo, OIT.  Si bien América Latina,  estos últimos años,  ha estado dando ejemplos de una vitalidad  económica extraordinaria, el problema ha sido la falta de acoplamiento  del desarrollo social al desarrollo económico. Y  pensando en  la juventud,  nuestro país debe buscar ese acoplamiento. 
 
Esta primavera -símbolo de esa edad o de esa etapa de la vida- nos hace comprender que se trata de un enorme sector social que debe cambiar,  inventar, soñar lejos de la vejez de las ideas para no convertirse en un residuo del pasado. Fabricar el nuevo cántaro con el antiguo barro. Y en cuanto a la colectividad adulta, cabe asumir la responsabilidad de incentivar, en cada joven, en cada estudiante, el futuro. 

Mario Castro es periodista.
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