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Defender o destruir, esa  es la cuestión

Defender o destruir, esa  es la cuestión
No hace mucho,  a propósito de "La marcha por la Madre Tierra”  -una manifestación digna de todo apoyo-,  escribí una columna en la que expresé mi solidaridad con esa iniciativa, invocando la misma actitud de la ciudadanía en general porque consideré que defender el medioambiente en el que vivimos  compromete a  todos y no hay concesiones para quedarnos en espectadores pasivos, sino en lo mínimo, exigir a los gobernantes políticas públicas que salven ese patrimonio natural.
 
La intención implícita en esa demanda se proyecta más allá, en que es una obligación reclamar y oponerse a que varias áreas protegidas de distintas zonas   del país sean  parceladas y ocupadas en nombre del desarrollo damnificando,  lamentablemente,  esa riqueza, los distritos donde se ubican y, finalmente, al país entero, tal es el caso del extenso Parque Madidi, como se propone abiertamente.         
 
Estas apreciaciones no significan que no se apuntalen los emprendimientos de avanzada o modernidad,   pero habrá que llevarlos a la práctica con el más idóneo criterio, sin precipitaciones y menos con improvisaciones. El buen uso de la tierra debe encararse en esa forma y con el fortalecimiento de compromisos políticos para alcanzar un desarrollo sustentable.
 
La planificación de esas bases no sólo debe obedecer a necesarios asentamientos humanos (no a un reparto discrecional  del  territorio)  y por delante no perder de vista asentar una economía ecológica que favorezca la sustentabilidad, dentro de un marco respetado y respetable de institucionalidad.
 
En este panorama surge la interrogante:  ¿Sabemos lo que  queremos destruir? ¿Conocemos ampliamente de lo que se trata el Parque Madidi? Por lo que viene ocurriendo en esa zona de privilegios naturales, parece que no. Es un crimen intentar su ocupación para dar lugar a algunos asentamientos humanos y explotaciones que, sin duda,  depredarían sus posibilidades.
 
Recordamos una de las tantas ponderaciones destacadas de ese extraordinario territorio, y divulgada, a lo largo y ancho del planeta. Una publicación de la revista de prestigio mundial National Geographic, referida al  parque Madidi,  una zona en Bolivia ciertamente espectacular.
 
Nunca se vio semejante cobertura, 25 millones de lectores de la revista apreciaron, en varias páginas, un artículo de Steve Kempert y fotografías de Onar Haimet.  Paralelamente, realizó una exposición itinerante con esas fotografías de la publicación y otras más por todo Estados Unidos, lo mismo que en su página web, de manera extendida también aquí, con quienes hicieron de anfitrionas en esa expedición:  Rosa María Ruiz y Mirta Ritz , directivas de la Fundación Eco Bolivia, entidad preocupada  por la preservación de esta área, y de quien fue  guía principal, el tacana  Cocomalo.  
 
Madidi, declarada zona protegida, amerita esa divulgación y más. Según una encuesta simple, realizada aquí, es poco conocida. Debería darse amplia información, especialmente en  los programas regulares del sistema educativo a partir de las aulas de escuelas y colegios. El  Parque Madidi,  ubicado en el norte de La Paz, tiene la peculiaridad de extenderse desde los 6.000 metros a unos 100 metros sobre el nivel del mar, con casi seis  millones de hectáreas, contemplado el  bloque que se amplía con la concreción de parques municipales y otros.
 
Madidi con la biodiversidad más grande de Bolivia es asiento placentero de una flora y de una fauna excepcionales. A pesar de anteriores depredaciones tiene grandes cantidades de árboles maderables, medicinales y otros, en los que se encuentran unas mil variedades de aves. En fin, ese parque enorme y hermoso  que con legitimidad se considera patrimonio natural y cultural de la humanidad.
 
Viene al caso señalar que penosamente no se  superó una carencia, que es  general en el país: la infraestructura vial, lo que hace el acceso al parque muy dificultoso, especialmente en algunas épocas del año. Se llega por carretera a Apolo o Pelechuco, en un recorrido que puede ser de 12 a 36 horas… Es lamentable que no tengamos una vertebración caminera que facilite a bolivianos y turistas llegar fácilmente hasta esa región
 
Ahora lo deplorable, desde hace algún tiempo,  es la ocupación de parte de  este precioso parque por gente que quiere "reparto de tierras”, creando un mayúsculo problema de Estado. Sin atenerse a disposiciones legales, recurren a una actitud que pone en peligro el potencial estratégico en términos de biodiversidad, recursos genéticos, ecosistemas y especies. Por lo que insistimos: ¿se sabe realmente qué queremos destruir?

Lo deplorable,  desde hace algún tiempo,  es la ocupación de parte de  este precioso parque por gente que quiere "reparto de tierras”.

Mario Castro es periodista.
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