La Paz, Bolivia

Sábado 19 de Agosto | 07:03 hs

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Mario Castro
Desde el mirador

¿Desunidos, dónde vamos?

¿Desunidos, dónde vamos?
Como conclusión de inequívocas evaluaciones se expresa que nuestro país está desunido. En lo atenuante, como si se hiciera una concesión más generosa, se dice que es un país polarizado; de tal manera igualmente se niega la unidad. Y no son dos polos definidos nada más. La cuestión es más heterogénea.   Especialmente la presencia de patrones culturales distintos y distantes en las diferentes capas de la sociedad  sella  la diversidad. La población exhibe, fuera de una división mecánica de campo y ciudad, diferentes estratos sociales desarticulados. 

 El tema es muy antiguo;  la conquista y la colonización han marcado la separación, y habiéndose mantenido hasta nuestros días se pensó, como en la Revolución de 1952, en el actual pregonado tiempo de cambio, que efectivamente se alcanzaría la unidad pero; por el contrario, en lugar de aproximarnos nos hemos distanciado por obra y gracia de acciones gubernamentales que alentaron rencores nada constructivos.  Es más, algunos de los personajes de responsabilidades en  los altos mandos  de función estatal han sembrado odios.

 Cuajó lo anotado por existir viejas discriminaciones en relación con la población indígena que frustraron la esperanza de superar el problema de la marginalidad y surgió, con otro acento, por la incentivación político-sectaria, hacia el otro lado de la ciudadanía una aversión   no disimulada. A esto se agrega que el Gobierno se ensañó contra la prensa y algunos reconocidos periodistas, los mismos que por señalar corrupciones, y  cumpliendo un deber,   fueron ultrajados con el estigma del "cartel de la mentira”. 

 Es más,  se sumaron  amedrentamientos, pudiendo haber aprovechado sanamente su influencia  comunicacional en su apoyo sin condiciones;   sometiendo a su servicio, por otro lado, los medios estatales, criticados constantemente por ausencias de pluralidad.    

 Pretender, con los  antecedentes  apuntados, articulación solidaria será como tratar de llevar "agua en canastas” para apagar un incendio.  Un país desarticulado, como el nuestro, necesita una integración real y equitativa. Innumerables veces se ha planteado superar distancias, no precisamente físicas,  que las hay y muchas en esta precaria red nacional,  sino distancias que ha establecido la mala administración del Estado, incluso con  un pernicioso sectarismo.

 Al hacer referencia a la infraestructura física o caminera, si bien es cierto que se hizo algo importante en esa materia, no es menos cierto que hay regiones de nuestro territorio que aún están desatendidas por falta de esa vinculación y fenómenos adversos, como la época de lluvias que conlleva muchas tremendas dificultades. Hay varios casos para testimoniar esto.

  En otro rubro, el aéreo, hay varias lamentables  falencias. Por ejemplo, un tramo que vinculaba Puerto Suárez con el Oriente y el  resto del país, que  atendía muy bien Transportes Aéreos Militares (TAM) ha sido suspendido hace cerca de dos años y hasta ahora no se lo repone, sin ninguna explicación,  no obstante insistentes reclamos.

 Existen carencias materiales y también de concepto.  La falta de unidad, en pequeños y grandes problemas es una barrera que muchas veces no la tenemos en cuenta en calidad de gobernados y tampoco las demandamos, y esos son caldos en los que fácilmente fermentan los mensajes  beligerantes de quienes tienen en sus manos los mandos de la nación.

Desde otro ángulo,  no es ocioso considerar un  factor que tiene que ver con esa articulación necesaria, aquel que hace a la mentalidad de los pueblos; es decir, los conceptos que orientan  las acciones. Si tenemos en cuenta que la mentalidad  es  una resultante de la formación del hombre, es imperioso encarar en la educación, desde elementales niveles educativos la articulación del país, y que ahí comencemos a amarlo para que sea firme en nuestra mentalidad.  

No sólo ante la presencia de conflictos  observamos la falta de articulación. En épocas relativamente tranquilas igualmente  se hace notoria. Resulta fácil llegar a ese diagnóstico porque en toda circunstancia es determinante la unidad. Que no se confunda, que de este modo no sugerimos de ninguna manera perder el  derecho a discrepar con lo que damnifique a  algunas personas o a la colectividad. Y cuando se trata de afianzar el desarrollo cuánto más útil es la complementariedad, porque en un país bien articulado se podrá dejar atrás el subdesarrollo. Si la aspiración acumulada es la  prosperidad para todos, sólo se podría afirmarla sobre una base sólida de unión.     

Mario Castro es periodista.
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