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Mario Castro

Valoración del libro

Valoración del libro
Ayer domingo 13 de agosto, después de 12 días,  ha cerrado sus puertas un acontecimiento relevante, para reabrirlas luego de un año, la Feria Internacional del Libro, FIL, en su vigésimo segunda versión. En una continuidad ininterrumpida  la organiza la Cámara del Libro de La Paz  y se ha constituido en una genuina institución de fomento a la difusión del libro tanto nacional como de América Latina, en cerca de 150 mostradores.
 
En su realización además de la ”exposición-oferta” contempla un amplio programa de actividades trascendentes -más de 300-  como las presentaciones de nuevas obras, conferencias, conversatorios,  contacto directo con calificados autores,  proyección de películas, transpolación de la literatura al teatro,  juegos didácticos para niños, un  congreso de historietistas y otras, destacándose  la especial distinción  Premio a la Trayectoria Literaria  de la FIL paceña,  que esta vez merecidamente  le fue otorgada al intelectual, historiador y  periodista Mariano Baptista Gumucio.
 
Este no es un balance de la FIL22, sí es una valoración del libro. Es tan atractiva la exhibición en general que se hace muy  difícil elegir unos cuantos títulos de tantos que seducen  por sus autores, su presentación,  por   sus formatos y diseños, en diversas calidades de tapas e interiores , y donde no dejó de estar presente la innovación de los libros digitales, producto de la tecnología de avanzada que contienen, en un pequeño receptáculo como mínimo unos 1.500 libros haciendo que uno lleve en el bolsillo toda una biblioteca tradicional (que -permítaseme la digresión- sin embargo no desplaza al impreso que tiene "el dulce encanto” de una vigencia invaluable).
 
Se ha informado profusamente sobre las características de la feria que acaba de finalizar y no entraré en abundancias, pero considero pertinente señalar algo   mezcla de recuerdo y de convicción:  en una pasada Feria Internacional del Libro, realizada aquí,  me obsequiaron un pequeño papel con la publicidad de una editorial que además llevaba un pensamiento de Vilem Slusser, que me cautivó y, como muchos, tengo la buena costumbre de copiar algunos textos en mi libreta de apuntes, dice:  "Cada libro es una mano que busca la nuestra,  y cuando tiramos un libro o cuando lo dejamos sin abrir  es como si hubiéramos amputado una mano tendida hacia nosotros”.
 
Recordé lo anotado ante tantos libros de incontables títulos y contenidos, ahora que estuve dando vueltas en otra de estas ferias -vigésimo segunda  versión- que concluyó ayer,  organizada por la Cámara del Libro de La Paz, con el Grupo Latinoamericano y del Caribe de Cultura, GRULAC, como Invitada de Honor y  con el lema "Una mirada latinoamericana” que -explicaron- "más allá del concepto étnico geográfico, son identidades en constante formación y recreación en un espacio mayor del cual podemos sentirnos parte”, la FIL busca integrarse a los países, mirarlos, mirarnos los unos a los otros y pensarnos juntos.      
 
Otro aspecto gratificante es el espacio destinado a los afanes que persigue con estas ferias, un vacío que se llenó después de mucho tiempo de constantes reclamos y que exigía solucionarse sin más demoras: el campo ferial.  Hoy por hoy la complacencia se ha generalizado por dotarse a la población de ese bien público que da comodidad por contar con grandes espacios esperando  que se concluya su   acondicionamiento funcional, para la finalidad que comentamos lo mismo que para eventos de otra naturaleza.
 
Otra faceta  importante, fuera de las características particulares de una u otra ocasión ferial es, sin lugar a dudas,  que con cada libro de los exhibidos podemos renovarnos en cada obra y no hundirnos en la sombra. Y a propósito, no puedo evitar la tentación de incluir en el breve comentario otro pensamiento, uno de Miguel de Unamuno:   "Cuanto menos se lee más daño hace lo que no  se lee, cuanto menos ideas tenga uno y más pobres sean,  más esclavo será de esas pobres y pocas ideas”.
 
La mención de libro, tan trascendente objeto de cultura,  no basta para destacar su importancia, aquí lo  relevante  es cada uno, y todos los autores: esos nobles artífices de la creación literaria, de asuntos científicos, de estudios, de ensayos, de narrativa, de fábulas  o de fantasías y otros. Esos autores a los que admiramos y agradecemos porque leyendo sus páginas nos hemos dignificado y hemos crecido.  Rafael Barret le decía a su libro:  "Ya puedo yo morir, puesto que tú vives, diremos también, muramos contentos para que vivas tú, oh literatura universal”.  Aunque parezca obvio puntualizamos  la identificación que tenemos con los pensamientos elegidos para la oportunidad de este comentario. 
 
Es  tan atractiva la exhibición en general que se hace muy  difícil elegir unos cuantos títulos de tantos que seducen.
 
Mario Castro es periodista.
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