La Paz, Bolivia

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Mario Castro
Desde el mirador

¡Alto al fuego! nadie escucha

¡Alto al fuego! nadie escucha
Otro terrible atentado terrorista -Las Ramblas, Barcelona, 17/8/17- nos hace ver otra vez un mundo en el  que se ha abolido la paz, y que cada día aumenta la zozobra de los  habitantes de este globo que gira en el espacio cargado de miedo. La distancia del escenario, en España, lejana de la percepción de nuestros sentidos,  no minimiza el dolor causante de este tremendo hecho.

Existe una dramática contabilidad  de sucesos de esta índole desde hace bastante tiempo,  y de los últimos años permanecen frescos en la memoria distintos acontecimientos en los que se enarbola radicales fanatismos que llevan a la destrucción de personas y pueblos en nombre de la paz.

Mucha gente, por ejemplo, en el norte de África o en el Cercano Oriente tienen miedo, huyen de la crueldad, dejan su patria. La afluencia de refugiados ha adquirido enormes dimensiones.

¿Dónde encontrar la paz?, muy difícil en la distintas latitudes estallan cruentas confrontaciones resultando  gran cantidad de seres humanos inocentes fallecidos.  Si sumamos ultimas contiendas mundiales hay  más de 20 millones de muertos. El espacio de esta columna es absolutamente insuficiente para anotar una estadística de las contiendas bélicas tan sólo de diez décadas atrás.

 Pero hay un Día Internacional de la Paz.  Resulta ser una ironía frente a la realidad. Como todos los años se lo recordará con sendos discursos. Ya está cerca. Tiene lugar  el 21 de septiembre.
 
Fue instituido por las Naciones Unidas.  Debe ser un día de alto al fuego.  Un día en el que dejen para siempre las armas, se acallen las explosiones y los fabricantes de artefactos bélicos reflexionen. Pero es éste un llamado  en el vacío porque nadie escucha.

 No es sólo la fecha marcada en el calendario por el organismo internacional.  En el curso de su historia, las Naciones Unidas han creado numerosas instituciones cuyo objetivo es preservar la paz: el Consejo de Seguridad de las ONU, por ejemplo, o la Unesco, la Comisión de Refugiados de las Naciones Unidas (ACNUR), el Consejo de Derechos Humanos de las ONU y el Tribunal Internacional de Derechos Humanos. Pero la verdadera paz no se logra establecer.

La información diaria describe cuadros de horror. El luctuoso saldo, hasta ahora, es un elevado número de muertos y heridos y de destrucción.  Con estupor pensamos que no es cuestión de animar a una guerra considerándola pequeña. En las guerras chicas es como en las grandes,  se mata y se muere.

 El clamor de  ¡alto al fuego!  nadie escucha. Tan solo recordaremos un  reciente episodio del que se perdieron sus ecos y continúan: la guerra de los seis días que   fue un grito de la larga confrontación de árabes e israelitas.  El asentamiento del Estado de Israel en 1948, en Palestina, descrito por los árabes como el "vecino indeseable” fue como la creación de un campo minado para sucesivas confrontaciones entre israelitas y árabes hasta estos días; escaramuzas o francas guerras,  un escenario, en fin, para la demostración pletórica de las fuerzas israelitas frente a países árabes desunidos y con acentuados contrastes de Gobierno, creencias y políticas.

 Y no es novedad que el Oriente Medio sea hoy un asiento de la violencia. Es una de las zonas del mundo, que estuvieron y están en la mira y la manipulación de las grandes potencias, con injerencia en su política y su economía. Antes lo fue desde las tiendas de campaña macedónicas, mamelucas, romanas, napoleónicas o como después desde un despacho de presidencias más actuales.

 No obstante, estar lejos de la ensangrentada región, la crueldad de los hechos nos lastiman, y es que las víctimas son inclusive niños, mujeres y ancianos que no formaron filas de combate. Las Naciones Unidas se muestran inoperantes y los amos del mundo en la actualidad en lugar de propiciar la paz alientan la precipitación, cada vez más destructiva de la guerra.

Otra vez el Oriente Medio es el centro de un incendio voraz en el planeta, como ha sido muchas veces desde hace miles de años. Pero ahora surge toda amenaza con fuerza nuclear.

La otra interrogante que flota en la atmósfera general es: ¿Puede el mundo hacer algo por una paz estable? Difícil. En tanto, hay, por una parte, unos protagonistas artillados que actúan con firmeza supeditados a una colaboración interesada y, por otra parte, otros que se enfrentan sin dar descanso a sus fervorosas convicciones de tantos años.

El último acto de la tragedia es imprevisible, como en toda guerra. Y la guerra continúa siendo fatal para unos y negocio lucrativo para otros. Sí, se sabe que la euforia de una paz no podrán celebrar miles de miles de víctimas. No hay nada más aleccionador contra la guerra que la guerra misma.

Mario Castro es periodista.
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