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Mario Castro
Desde el mirador

La esperanza ante la postergación

La esperanza ante la postergación
Recién no más,  a partir del jueves 21 de este mes  se instalaron los efluvios primaverales. Desde que la vida de los seres humanos se relacionó con la renovación de las estaciones,  la primavera se vinculó a la juventud. La motivación no precisa explicación justificativa.  La naturaleza se hace vital,  reverdece la vegetación y en el curso de la vida humana la juventud  tiene esa identidad.
 
Acaso esa fue una de las razones para que aquí se instituya, en esa fecha, el Día del estudiante.   

Lo apuntado convida a algunas consideraciones. Si bien los jóvenes deben desarrollar sus propias inquietudes es indispensable también que se les dote del ambiente, las posibilidades y las facilidades propicias. Como nos desenvolvemos  en un conglomerado social tan heterogéneo, es insoslayable crear esas condiciones,  sin exclusiones.

Entonces, la ubicación conceptual de cada joven-estudiante debe revelarse contra la mezquina definición de repetirse con el espejo del pasado. En cada joven estudiante, de tal manera se fabricará el nuevo cántaro con el antiguo barro. Así de ellos asimilaremos la nueva sabiduría. Con ellos compartiremos los nuevos conocimientos,  la nueva alegría y nos revitalizaremos con sus nuevas emociones.   

La llegada de la Primavera y el Día del estudiante motiva también algunas reflexiones respecto de su proyección. En nuestro país de qué manera se plantea resolver su particular problemática teniendo  en cuenta el mosaico de diversos segmentos sociales:  ¿sobre qué bases, para quiénes, cómo, dónde se planifica bienes y servicios para la adolescencia y la juventud?

En la ocasión, para no correr el riego de engañarnos, el tema lo señalaremos en  el cuadro de situación de la realidad:  en nuestro país no todos los jóvenes están en las condiciones de estudiar (ojalá se pudiera alcanzar el ideal de esa oportunidad, por lo menos para la mayor parte con enseñanzas de aprendizaje rápido y compatible con otras actividades, además de formación técnica; en fin, habrá que buscar caminos, ) pero eso sí,  no podríamos marginar a esa otra población juvenil del "concepto de primavera” a la que tienen derecho y  que tocamos, como exordio, en este comentario.  

Si enfocamos la mirada a la juventud en general  y sus posibilidades de estudiante observamos que en el prisma oficial la proyección de varios  asuntos importantes no ha sido incorporada a políticas de Estado, hay, en la actualidad, una reforma educativa estancada.  Hace ya varios años se planteó cambiar el antiguo Código de Educación. Con la etiqueta de "reforma” se hicieron varios intentos sin lograr hasta ahora, en ese asunto de primordial importancia, un cambio sustancial.

 De no llevarse a cabo efectivamente un cambio o reforma en esa dirección la formación y el cultivo de esa población juvenil - la mayoritaria y de escasos recursos -  se seguirá manteniendo en niveles que no son  gratificantes.

En la búsqueda de soluciones para el crecimiento general surge otra pregunta: ¿se ha tenido en cuenta, con prioridad, el desarrollo del estudiante en relación con los programas didácticos?.
 
 Vemos una realidad diferente, para citar algo,  a los estudiantes  se  los atiborra con textos, y en ellos con fechas que exigen memoria y no otras iniciativas. 

De ese modo se conseguirá que se conviertan en malos fonógrafos y se profane su tierna inteligencia.  Lo que no se ha hecho es enseñarles a pensar.  Se desaprovecha  su libre curiosidad y la elasticidad de su ingenio primigenio.  Se le anula y asfixia  al extremo de hacerles odiar, en muchos casos,  el arte y la ciencia,  y hasta se crea aversión a los libros y a la naturaleza. 

 En la celebración estudiantil, con sendos discursos,  costumbre manida en estas ocasiones,  se ha recordado enunciados en  favor de la estructura educativa y se ha  reiterado retóricamente su mejor destino. Empero el asunto merece otra atención porque si en eso que es un crisol de formación para la gente que más tarde ocupará cargos de conducción, orientación, liderazgo, en sectores públicos y privados se hace necesario crear un horizonte amplio y claro. El planteamiento no es un descubrir algo nuevo, refleja la preocupación generalizada de la realidad no satisfecha referida, según fieles estadísticas, a jóvenes-estudiantes que no cuentan con el apoyo de políticas definidas y buena planificación.

Esta Primavera -símbolo de esa edad o de esa etapa de la vida- nos hace comprender que se trata de un enorme sector social que debe cambiar,  inventar, soñar lejos de la vejez de las ideas,  para no convertirse en un residuo del pasado. Y en cuanto a la colectividad adulta cabe asumir la responsabilidad de apuntalar, en cada joven, en cada estudiante, el futuro. Que ellos sean la esperanza.

Mario Castro es periodista.
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