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Mujeres Creando y el arte de provocarte

Mujeres Creando y el arte de provocarte
1. Hay detrás de la provocación un retorcido acto de masoquismo: el íntimo disfrute de ser odiado. Los detractores hacen de Mujeres Creando, Mujeres Creando (MC), no sus incondicionales. María Galindo y las suyas lo saben muy bien, por eso aguijonean: no les interesa convencer a nadie (lo han reconocido); les encanta provocar, mejor, indigestar.

2. Aunque el artista no lo busque conscientemente, detrás de su obra hay un interés de provocación. Que Galindo se considere una desertora del mundo del arte, no la margina ni del mundo ni del arte. A ella no le gustan las reglas, pero las reglas son imprescindibles… hasta para poder infringirlas.

3. Lo razonable, en Galindo y sus Mujeres, funciona de otra manera. No es que no sean razonables: contravienen la razón, disfrutándolo. Disfrutan del rechazo porque sienten lo mismo que Garro, el oscuro personaje de la última novela de Vargas Llosa:  "ser odiado era ser temido, un reconocimiento”. Eso o la provocación como forma de satisfacer el ego.

4. El arte de la provocación -y de la irreverencia- no tiene por qué ser fácil, ni basto: la alternativa es lo razonablemente inteligente, aunque sea bajo la heterodoxia del egoísta. Además, ¿por qué flirtear con el exceso debe sí o sí ponerte al borde del suicidio social?

5. Del cacareado debate moralista por el mural de MC me provoca más la cuestión del método: ¿desde cuándo ser malo es bueno? Los fines de una causa pueden ser justos; la cuestión está en el método.

6. Los de MC son mazazos en la cabeza de una sociedad conservadora cada vez menos desprevenida de las provocaciones de María y sus discípulas. Mazazos quizá necesarios para cambiar el religioso estado de cosas, pero, en la vida en sociedad -conservadora o lo que fuera- no vale todo. Sin ir tan lejos, la paz depende en gran medida del respeto: si yo no respeto al otro, no puedo exigir respeto del otro hacia mí.

7. Ciertas formas deslegitiman el fondo; por eso importa el buen gusto, sobre todo en el arte como vehículo de protesta. Y el tino. Picardías del anarquismo, el tino, en MC, funciona de otra manera; no lo tiene y si acaso lo tuviera, sería, en su posmoderna interpretación, un mal tino con cara lavada: un desatino "bueno”. ¿Desde cuándo lo malo es…?

8. Yo encuentro que MC ejerció de mala manera su libertad al pintar el mural, lo mismo que los protectores de la Iglesia Católica (IC) al despintarlo. Las dos partes son tristes ejemplos de uso arbitrario de los derechos que les otorga la liberad en democracia: MC, cuestionando con provocación violenta (y burda); IC, respondiendo con provocación violenta (e intolerante). La típica dupla ataque-contraataque, que no sale del belicismo.

9. La IC no está eximida (ambos deben asumir las consecuencias), pero, en son de paz, la culpa mayor recae en el que provoca la guerra. ¿Cuándo MC pasó del inspirador arte del grafiti a esta creatura frankesteniana, mitad positivo anarquismo, mitad feo berrinche? ¿En qué momento se ha vuelto un pelmazo ese mal necesario llamado MC? Y no es que esté en completo desacuerdo con María, la anti Magdalena. Discrepo con su método.

10. Otra cosa es la discusión de la blasfemia y el grotesco como formas de arte-protesta. ¡Qué linda solía ser la metáfora cuando estaba bien puesta! Si hasta para provocar se necesita buen gusto...

11. El arte -como la política, como la política que vehicula el arte o viceversa- es cuestión de gustos: de buenos y de malos gustos. María y cía. pueden gustarte o no, pueden incluso ser tus ídolos pero, razonablemente, no creo que dejes de advertir su antipática inmodestia, esa mirada despreciativa que parecieran tener ellas de una parte de la sociedad con la que comparten todos los días. Y su ego grande como una iglesia. Aún así, yo rezaría en ese templo si descargaran su rebeldía con mejores gracias.

Oscar Díaz Arnau es periodista y escritor.
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