La Paz, Bolivia

Martes 27 de Junio | 15:07 hs

Recuerde explorar nuestro archivo de noticias
Dársena de papel

¿Hay mala fe en el MAS?

¿Hay mala fe en el MAS?
Siento que la costumbre a la corrupción ha legitimado el desdén por la ética, y entonces cada vez afecta menos que un político mienta porque su mentira es "normal”, parte intrínseca de aquella deshonestidad. Del mismo modo, aunque a las sociedades modernas parece no importarles mucho, hay diferencia entre la conducta de mala fe y la conducta bienintencionada, la que no tiene dobleces. ¿Hay mala fe en el MAS? ¿Qué tan bueno, en rigor ético, es el MAS? ¿Puede salvarse un partido de la corrupción moral?

Tomo el caso del MAS por ser, hoy, el referente nacional. A veces los periodistas hablamos también de su gestión de Gobierno; fiscalizarla es lo que corresponde, con esta administración y con las que vendrán. En esto anduve pensando:

El MAS tiene varias caras deslucidas pero ninguna como la que se empecinan en darle algunos de los suyos a punta de artificios verbales. Si usted cree que la corrupción moral es algo cotidiano y sin valor, no le asustará saber que esto no tiene nada de privativo y que pasa en toda organización política cuando se ve asaltada, entre otras solturas, por el pillaje del mendaz.

Mi tesis es que el MAS sería mejor sin el terrorismo de la palabra, sin monos con navaja que aman el micrófono y por eso lo embarran gustosos con la lengua como miel o dulce de leche en banana. Pero no soy iluso: sé que todo partido platanero necesita un rival idiosincrático contra el cual estrellarse cada semana y que si no lo tiene debe crearlo espantoso para que, en la comparación, el padre de Frankenstein resulte siquiera menos feo, menos malo. ¿Qué tan bueno es el MAS?

La estrategia requiere de actores que mantengan la arena política caliente —como si realmente hubiera disputa—, de personajes bufonescos en apariencia irracionales pero que tienen su lógica si entendemos que la vida del partido depende de un ataque constante e intenso, no de un plan de gobierno; así, el discurso repetitivo y virulento cobra razón de ser. Ahora bien, si ya tienen la agresividad, ¿por qué la mendacidad?

Siguiendo a Sartre, como en el hombre domina la mala fe (mauvaise foi), no le es posible la veracidad, o sea la correspondencia entre lo que se piensa o se dice y lo que se es. Mendacidad, lo contrario a veracidad. El mendaz tiene una disposición a la mentira y, a diferencia de ésta, en la mendacidad hay un disfrute del engaño. Bollnow introduce al respecto la noción del esfuerzo por mantener la "apariencia de honradez”, lo que a mi modo de ver agrava la estafa del mentiroso consuetudinario, del mendaz. ¿Y a usted no le importa si un político le miente?

Pienso que el MAS sería mejor sin sus monos porque se evitaría, por ejemplo, tener que atorarse a cada rato con la idea de la mente de un individuo político que no razona antes de hablar o de tuitear. O suponiendo que razona, negado de veracidad, el MAS se ahorraría la digestión de la noticia sartreana de que probablemente ese alguien sea lo que no demuestra ser (esto salvaría al mendaz aunque, por falso, acabaría colgado del árbol imaginario de la moral). De última (muy de última), mejor falsedad que maldad. ¿Hay mala fe en el MAS?

Sin terrorismo de la palabra el MAS sería mejor, sobre todo, porque respetaría a los que piensan diferente. Y contribuiría a la paz, no a la violencia, al atropello y al desprecio del otro. No a la palabra que se utiliza nada más que para odiar. No a la exacerbación del amor propio, a la soberbia, al amor que endiosa. No a la controversia malsana, a la poca vergüenza, al insulto a la inteligencia. Contribuiría al amor a la paz, no al amor al odio.

Sigo con la duda de si en el MAS habrá mala fe como modo de vida política. Pero el bienintencionado, por antítesis, sabrá pensar bien y esperar que el partido de gobierno sepa ser mejor limpiando a sus malos políticos, a los proclives a la mentira.

Óscar Díaz Arnau es periodista y escritor.
200
3

También te puede interesar: