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A vueltas con la descolonización

A vueltas con la descolonización
Con motivo del aniversario de la fundación de La Paz hemos escuchado a nuestro Presidente reclamar que se le cambie el nombre a la plaza Alonso de Mendoza -que fue el español fundador de esa ciudad-, ya que se trata de un colonizador, y proponer que, de igual manera, procedamos a cambiar nombre a un montón de plazas y calles que llevan nombres eminentemente coloniales.
 
 Ciertamente la propuesta es coherente -y podríamos añadir muchos nombres de provincias y municipios (y hasta algún departamento)-, pero cabe preguntarse qué habríamos ganado después de tanto trabajo si no nos preocupamos por cambiar primero lo que son las estructuras coloniales. Las palabras son símbolos y los símbolos tienen, sin duda, mucha importancia, pero lo fundamental son las realidades simbolizadas, los hechos, la práctica cotidiana, y no vemos ninguna preocupación por aplicar la descolonización a las estructuras…

 Curiosamente el presidente Evo, en ese mismo discurso, dirigió palabras elogiosas y ponderativas a las Fuerzas Armadas. ¿Acaso no son éstas totalmente coloniales? ¿No han sido acaso una (mala) copia de Alemania? ¿O tienen algo que ver con nuestras antiguas culturas andinas, chaqueñas o de tierras bajas? Sin embargo, no se ha procedido a cambiar nada de su estructura (como no sea el grito Patria o Muerte, otra vez un mero símbolo). Y ahí siguen, y son el sujeto principal de los festejos del 6 de Agosto (aniversario de la fundación de la República neocolonial de Bolivia), lo que expresa otra contradicción si se piensa en que el aniversario de la refundación de Bolivia como Estado Plurinacional —vale decir, ya no colonial— es un feriado vacío. Al mismo tiempo que vemos a casi todas nuestras autoridades participando fervientemente en los Tedeums que acompañan todas las festividades cívicas y patrióticas. Cierto que en este caso no se trata de una estructura sino de un símbolo, ¿pero puede haber un símbolo más colonial que el Tedeum?

Y el mismo presidente Evo ha llegado a denunciar la división de poderes del Estado como una herencia colonial y neoliberal. ¿Será que de verdad cree nuestro Presidente que es así? ¿Acaso lo que nos trajo la Colonia no fue precisamente la forma de Estado absolutista y centralista, que concentraba el poder en el rey y en sus obedientes delegados los virreyes? ¿No es la vuelta al absolutismo estatal, a la creciente centralización del poder, lo que sí puede calificarse de colonial?

Y podríamos seguir con una desoladora e interminable enumeración de ejemplos de estructuras y de mentalidad coloniales, pero no quiero dejar de mencionar dos particularmente expresivos:
Una es la Ley de Deslinde Jurisdiccional —elaborada por una Asamblea Legislativa constituida por mayoría de representantes indígenas— que define claramente que la justicia de primera categoría es la ordinaria, ¡dejando a la justicia originaria para asuntos de segunda importancia! ¿Puede haber algo más colonial que esa justicia bien llamada ordinaria, heredada de Roma a través de España y que ya estamos comprobando que no tiene arreglo? Sin embargo, para nuestros legisladores, y para nuestro Gobierno —y a diferencia de nuestros exconstituyentes— es la que verdaderamente vale…

El otro ejemplo expresivo es la forma cómo dirigentes indígenas andinos descalificaron —con motivo del trágico conflicto del TIPNIS— a los pueblos indígenas de tierras bajas. Recordemos que el entonces ejecutivo de la CSUTCB llegó a decir por televisión (refiriéndose a los pueblos de tierras bajas, que "esos salvajes no saben lo que necesitan, nosotros les vamos a tener que enseñar”, palabras dignas de Francisco Pizarro y que no fueron descalificadas por ningún dirigente indígena, ni por algún representante del MAS… Y esto no es un mero símbolo, es la esencia misma del concepto de mentalidad colonial, y de lo que debiera ser la descolonización.

No hay por qué oponerse al cambio de nombre de plazas y avenidas, pero me pregunto —y me atrevo a preguntarle al país entero— si lo principal no es el cambio de mentalidad, si lo principal no es el cambio de estructuras… El país dirá.

Rafael Puente es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba. 
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