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Carta abierta al presidente Evo Morales

Carta abierta al presidente Evo Morales
Compañero Presidente:

Los medios han reiterado últimamente una nueva declaración pública que hizo usted reafirmando que "los derechos de la Madre Tierra son más importantes que los derechos humanos”. Por una parte resulta satisfactorio que usted reitere una de las afirmaciones más revolucionarias y mejor formuladas -y más difundidas mundialmente- que hizo durante su gestión presidencial. Una afirmación que rompía de golpe una tradición secular de la filosofía judeo-cristiana-occidental  -y de la que nos sentíamos seguros y orgullosos- como es la del "antropocentrismo” (el centro del universo es el ser humano). Y no sólo usted lanzó esa novedosa afirmación, sino que la argumentó de manera irrefutable: sin humanos podría haber muy bien Madre Tierra, mientras que sin Madre Tierra no podría haber humanos; entonces ¿qué es lo prioritario?

Sin embargo, compañero Presidente, somos muchas y muchos los que quisiéramos preguntarle qué hemos hecho como Estado, a lo largo de estos últimos 11 años, para poner en práctica la revolucionaria afirmación que usted supo formular. Es posible que nos falten datos, pero los que tenemos nos dejan más bien preocupados/as. Le formulo unos cuantos:

La producción de hidrocarburos no va acompañada de medidas compensatorias para el medioambiente; más bien, da la impresión de que las empresas petroleras gozan de impunidad ambiental. Cierto que como país necesitamos los recursos generados por la producción de hidrocarburos, pero, en el mejor de los casos, estaríamos hablando de derechos humanos menos importantes que los de la Madre Tierra. La actual exploración de hidrocarburos en el norte amazónico, ¿no es a todas luces -además de un atentado a los derechos de algunos pueblos indígenas- un atentado a los derechos de la Madre Tierra?

La minería mucho peor. La Ley Minera vigente abre las puertas a la exploración y producción descontrolada de minerales que —además de dejar escasas ganancias para el país— se dan el lujo de consumir de manera incontrolada cantidades interminables de agua, y de contaminarla.
 
Ahí tenemos la muerte del lago Poopó (gracias fundamentalmente a la minería). ¿Le han informado a usted que la empresa San Cristóbal consume cada día más agua -además aguas fósiles, por tanto no recargables- que la ciudad de El Alto en un mes entero? Tal vez se podría argumentar que la explotación de minerales puede ser una necesidad y, por tanto, un derecho, pero en el mejor de los casos sería también un derecho humano.

La deforestación masiva -y creciente- equivale a un cáncer de pulmón para la Madre Tierra y acaba de salir un nuevo decreto de la ABT autorizando nuevos asesinatos masivos de bosques.
 
Dicen que para hacer producción agrícola, un derecho de los grandes productores agropecuarios y podría ser que un derecho humano, pero otra vez a costa de los derechos de la Madre Tierra.

Los varios megaproyectos hidroeléctricos que están en curso suponen la pérdida de miles y miles de hectáreas de bosques, además de un profundo irrespeto a los pueblos que habitan esas hectáreas y viven de ellas…

El proyecto de generación de energía nuclear implica daños irreversibles e incalculables a la Madre Tierra (y si no pregúnteles a sus amigos japoneses, alemanes que están optando por otras matrices energéticas naturales).

La permisión creciente de productos transgénicos —inevitablemente ligada al uso de glifosato— ¿no constituye también una lesión a los derechos de la Madre Tierra, que además es inconstitucional?

La urbanización descontrolada de áreas agrícolas para beneficio de loteadores y funcionarios municipales corruptos (y con consecuencias devastadoras para la agricultura y para la recarga de acuíferos) no se puede decir que sea compatible con los derechos de la Madre Tierra.

Supuesto todo esto, compañero Presidente, ¿qué sentido tiene la formulación de ese discurso suyo que tanto nos esperanzaba? Si resulta que ni su gobierno, ni las empresas transnacionales, ni la sociedad civil en su conjunto lo tienen en cuenta ¿no debería por lo menos usted tomárselo en serio? ¿Es mucho atrevimiento pedir que un Presidente sea consecuente con sus propias afirmaciones? Me encantaría que alguien a nombre de usted me explique en qué estoy equivocado…

Rafael Puente es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba. 
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