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¿Qué tal si nos dedicamos a lo urgente compañeros del MAS?

¿Qué tal si nos dedicamos a lo urgente compañeros del MAS?
A partir del 21 de febrero pasado escuchamos repetidas declaraciones de representantes del Gobierno y de representantes del MAS afirmando dos cosas: la primera que se respetaría los resultados del referendo, la segunda que el tema del binomio del MAS para las próximas elecciones se discutiría en 2018. Han pasado 10 meses y nadie ha cumplido esas afirmaciones.
En estos momentos en que nuestro país se encuentra en una situación difícil —por los crecientes problemas internos y por el retorno de la peor de las derechas a los gobiernos de Brasil y Argentina, más la crisis venezolana— la preocupación cotidiana del Gobierno y del MAS es precisamente la del binomio para   2019: el Vicepresidente anuncia su retiro del mismo, el congreso del MAS se preocupa principalmente de cómo viabilizar la candidatura de Evo, y unos  y otros descalifican el resultado del referendo, llegando al extremo de contratar, por una parte, a un comunicador argentino para que elabore el video del Cártel de la mentira y, por otra, solicitar al Tribunal Electoral la anulación del referendo de febrero.

Cierto que este último disparate —la anulación— ha sido rechazado por importantes representantes del propio Gobierno. En cambio, lo de buscar otras vías, basándose en la descalificación del referendo, sigue siendo el tema cotidiano y casi unánime para el MAS, y para el Gobierno. Y aunque sea algo demasiado reiterativo, vale la pena preguntarse por las famosas mentiras que, supuestamente, viciaron el resultado del referendo:

El primer golpe de descrédito fue la denuncia de corrupción en el Fondioc. ¿Era mentira? ¿No fue acaso denunciada por la propia Contraloría? ¿Cómo se explica que al cabo de más de un año sigamos sin resultados concretos, sin juicios, sin información cabal? Y éste fue el hecho más grave por cuanto debilitaba la imagen del principal sujeto social del actual proceso, que son nuestros pueblos indígenas. Otro golpe fue el incendio alevoso de la Alcaldía de El Alto, comprobadamente dirigida por dirigentes alteños del MAS (más la incomprensible ausencia de la Policía). También ha pasado más de un año y no aparece ninguna resolución judicial. El otro es de la señora Zapata, donde la mentira parece haber sido la supuesta existencia de un hijo (incluida la falsificación de su personalidad), cosa realmente inaceptable. Pero el daño a la imagen del Gobierno no proviene de esa falsificación (de la que el Gobierno es evidentemente inocente), sino del tráfico de influencias de una joven sin fortuna y sin formación profesional que, sin embargo, llega a ocupar un cargo importante en una empresa china, hecho que sigue sin aclarar.

 A todo esto, la única voz acertada y valiente ha sido la del Presidente del Senado, que ha formulado con claridad y coherencia que hay temas mucho más urgentes de los que preocuparse: el problema del agua, el problema del desempleo —y el de la industrialización—, el problema de la atención universal de salud, el problema de la soberanía alimentaria (que cada año es menor) etcétera. Personalmente me sumo a esa voz autorizada (y fuera de toda sospecha) y se la redirijo a los compañeros del MAS (y del Gobierno).

Adicionalmente, vale la pena hacer notar que si la derecha se intenta aprovechar de los resultados del 21 de febrero no es sólo por oportunismo suyo, sino también por el error fundamental del Gobierno cuando —coincidiendo con esa derecha deprimente— interpretaba que el referendo nos pedía votar si estábamos con Evo o contra Evo, cuando en realidad la pregunta no era ésa, no tenía nada que ver con la persona del actual Presidente, sino que se refería a la conveniencia, o no, de que una misma persona ocupara tan alto cargo por un tiempo mayor a 10 años. Y recuerdo haber escrito, en ese momento, que precisamente quienes valoramos a Evo Morales consideramos deseable que vuelva cinco años a su casa, a comprar pan de la tienda, a convivir con la gente de base, ya que la excesiva convivencia con el poder le hace daño a cualquiera…

No me hagan caso a mí, pero, por favor, ¡háganle caso al compañero Gringo González!

Rafael Puente es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba.
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