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Rafael Puente
Vamos a andar

¿Qué tal si aprendemos de la Iglesia Anglicana?

¿Qué tal si aprendemos de la Iglesia Anglicana?
Como hoy no se puede hablar del referendo, aprovecharé para tocar un tema totalmente apolítico pero creo que interesante. A causa del funeral de un amigo, esta semana asistí, por primera vez en mi vida, a una misa de difuntos de la Iglesia Anglicana.

El local era pequeño y sencillo, pero acogedor, que bien podría ser una iglesia católica. La ceremonia era exactamente la misma que en cualquiera de nuestras iglesias: una misa con sus oraciones introductorias, su credo, su consagración, su comunión y su acción de gracias, y con su acompañamiento musical. ¡Pero el papel de sacerdote lo ejercía una mujer! Una mujer joven y sencilla, con la cabellera suelta, que con la sonrisa en los labios y un estilo comprometido nos hizo vivir la Eucaristía, nos acercó al difunto y a su familia, y nos hizo sentir comunidad.

Porque esa Eucaristía no tenía nada de rutinario  ni de aburrido, ni tampoco de la teatralidad estrambótica de algunos pastores evangélicos de moda. Y, a un lado del altar, ¡estaba su marido!, con la guitarra, haciendo el acompañamiento musical…

Fue una experiencia totalmente novedosa que me lleva a preguntarle al papa Francisco, con su espíritu ecuménico e innovador, si la Iglesia Católica no pudiera aprender de esta Iglesia Anglicana. ¿No ganaríamos mucho abriendo el sacerdocio católico a las mujeres? ¿No están ellas mejor preparadas que los varones para representar a Jesús de Nazaret y hacerlo sentir a través de la Eucaristía? Aquel Jesús que escandalizaba a los machos fariseos porque se rodeaba de discípulas mujeres y, además, daba a entender que se fiaba más de ellas que de sus discípulos varones.

¿No será ese machismo simplón de nuestra decadente Iglesia Católica una de las causas de dicha decadencia? A la hora de construir comunidad, de dar gracias por la vida y de recordar la Pascua de Jesús, ¿no estamos desperdiciando algo tan rico e importante como es la energía femenina? ¿No es por algo que en la vieja historia de Occidente jugaron un papel tan importante las brujas, y no los brujos, hasta el extremo de que a ellas se las perseguía y quemaba por constituir una amenaza insoportable para los machos que se creían dueños de la sociedad? ¿No es hora de superar todo eso en la Iglesia Católica, como por lo visto sí lo ha superado la Anglicana?

Pero, además, papa Francisco, ¿no será también la hora de acabar con ese celibato obligatorio que amenaza con convertir a los sacerdotes en solterones o, lo que es peor, en hipócritas que ocultan sus relaciones de pareja o, en el peor de los casos, en pederastas? El celibato no deja de ser una posible y respetable vocación para monjes y monjas, pero no tiene sentido que se haya convertido en un requisito para poder ejercer como animador y promotor de la comunidad cristiana, que es lo que debe ser un sacerdote, y que fue lo que realmente nos hizo sentir la sacerdote anglicana a la que me vengo refiriendo. Y la presencia del marido, apoyando musicalmente esa Eucaristía, no dejaba de ser un elemento que reforzaba la vivencia comunitaria.

¿Ha revisado usted, papa Francisco, qué inconvenientes o peligros ha generado el sacerdocio de las mujeres en la Iglesia Anglicana, que ya es bastante antigua? Si lo revisa, estoy seguro de que no encontrará ninguno. En cambio todo el mundo sabe los inconvenientes y peligros que ha generado el estilo machista y supuestamente célibe del sacerdocio católico… ¿No será que podamos aprender, papa Francisco?

Y no le estoy pidiendo porque para usted sería suicida que aprendamos la otra lección de la Iglesia Anglicana, que es la de haber renunciado a ser Estado y a tener una jefatura mundial, que es la que usted ejerce. Eso ya sería demasiado pedir. ¿Pero lo otro? Ande, por lo menos piénselo…

Rafael Puente es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba.
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