La Paz, Bolivia

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Rafael Puente
Vamos a andar

Un referendo aleccionador

Ahora que se van tranquilizando los ánimos, después de los resultados definitivos del referendo, vale la pena hacer algunas consideraciones. La primera va dirigida a los señores de los partidos de oposición, en el sentido de que no se crean que son ellos los que han ganado esta apretada pugna electoral. 
 
Es comprensible que celebren el resultado, y es indudable que sus votos han sido muy importantes, pero tengan claro que los votos adicionales, los que aparentemente han cambiado la correlación de fuerzas y han hecho posible el triunfo del No a la modificación de la Constitución, han provenido del campo de la izquierda, de quienes vienen apoyando consecuentemente este proceso de cambio y que precisamente por eso han coincidido con la oposición, pero a partir de convicciones contrarias. Porque lo que estaba en juego en este referendo no era el apoyo o el rechazo a la persona de Evo —como de manera errónea lo planteó el Gobierno— ni el apoyo o rechazo al proceso de cambio.
 
Lo que ha buscado esa proporción de votantes, que ha decidido los resultados, no ha sido revertir el proceso de cambio sino, por el contrario, evitar que dicho proceso se siga desvirtuando, evitar que Evo se siga obnubilando por una excesiva permanencia en el poder. Posibilitar que Evo —que sin duda fue el principal promotor de dicho proceso— vuelva a las bases, vuelva a la realidad y escape de ese entorno llunk’u que pretende convertirlo en monarca.
 
Ténganlo claro, señores de la oposición, esa proporción decisiva de votos seguirá apoyando aquella Revolución Democrática y Cultural que se puso en marcha en 2006 y que desde 2010 empezó a estancarse (y en momentos a retroceder), y que de ninguna manera quiere volver a los dramáticos tiempos de Goni ni de Tuto; no se hagan ilusiones.
 
Además, debemos tener claro que los factores coyunturales que han empujado decisivamente el triunfo del No en el referendo no han provenido de aciertos de la oposición —que a estas alturas sigue carente de propuestas y de posibles liderazgos nacionales (por no decir plurinacionales)—, sino de una increíble seguidilla de desaciertos nuestros, quiero decir de nuestro Gobierno y de nuestras organizaciones sociales. Mencionemos sólo los más recientes, generados ya en pleno proceso del referendo.
 
Primero fue el escándalo del Fondioc, una cadena de corrupción que probablemente resulta pequeña en comparación con otras, pero que cualitativamente ha tenido efectos terribles porque ha producido una seria decepción respecto del sujeto principal de este proceso de cambio. Escándalo que seguirá vigente mientras no se investigue a la exministra Nemesia Achacollo, que ya se sabe que goza de inmunidad (y se sospecha por qué), y a determinados ministros.
 
Después vino el misterio de una señora Gabriela Zapata que, sin antecedentes que lo expliquen (salvo una relación sentimental con el Presidente), aparece como próspera gerente de una megaempresa china, además acusada de corrupción, y que tiene millonarios contratos con el Gobierno. Otro tema que va a tardar en aclararse.
 
Y finalmente, el alevoso y trágico atentado contra la Alcaldía de El Alto, en el que participan connotados militantes del MAS, como el dirigente Braulio Rocha (que ya había advertido a la Alcaldesa de El Alto que él sería su pesadilla), y que fue pésimamente manejado por el viceministro de Gobierno y por el Ministro de Autonomías. Dos señores que no sospechan lo que es respetar a la gente, ni siquiera a los muertos y que en este momento siguen de manera incomprensible en sus puestos. ¿Cómo puede hablar de "auto-atentado” nada menos que el responsable de la ausencia de la Policía en esos momentos dramáticos?
 
Realmente es una cadena de desaciertos (por no decir delitos) que pareciera planificada a propósito para facilitar el triunfo del No...
 
Y unas cuantas consideraciones finales: el Órgano Electoral ha funcionado suficientemente bien (aunque en momentos se hayan puesto comprensiblemente nerviosos/as). Los medios de comunicación, aunque con deficiencias, han cumplido su misión. En cambio las "fuentes de información” de la Presidenta de Diputados han resultado lamentables. 
 
Igualmente, equivocados han sido los cálculos socio-matemáticos del Vicepresidente y también su nerviosa agresividad. Peor aun la torpeza de Hugo Moldiz con la prensa. Triste que nuestro Presidente, en lugar de convocarnos a la reflexión, se limite a echarles la culpa a las redes sociales. Y, sorprendente la capacidad de pugilato del ministro Romero…

Rafael Puente es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba.
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