La Paz, Bolivia

Jueves 27 de Julio | 16:35 hs

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Rafael Puente
Vamos a andar

¿El Alto un futuro Chernobyl?

La gran sorpresa de esta semana ha sido la aprobación, en la Asamblea Legislativa, del acuerdo firmado entre el Gobierno boliviano y el Gobierno ruso. La sorpresa no ha sido el hecho de que se firme un acuerdo, cosa que era de esperar, sino el contenido del mismo, ya que éste va mucho más allá de proyectos de salud o de investigación (que por lo menos serían discutibles).

 Por lo visto Rusia viene a ser el actor central del proyecto, ya que ese país se hace cargo de la importación de material nuclear a Bolivia, se hace cargo de la norma boliviana para el manejo de todo el tema nuclear e, incluso, se hace cargo del personal boliviano. ¿Dónde queda nuestra soberanía, uno de los temas en que ciertamente habíamos avanzado en este proceso?
 
Pero, además, Rusia se hace cargo de todo el ciclo nuclear, desde la extracción del uranio (de nuestras minas) hasta su enriquecimiento y utilización, lo que incluye el control de los residuos radiactivos, su manejo y almacenamiento. ¿Dónde? Por supuesto en territorio boliviano. No era verdad que serían expatriados a Rusia ¡Lógico!, ni Rusia ni ningún "tercer Estado” nos los va a querer recibir…
 
Para colmo, el acuerdo, una vez ratificado, se convertirá en tratado internacional sin fecha ninguna de caducidad ¡y tendrá carácter de secreto de Estado! De manera que en el futuro nadie podrá saber lo que pasa ahí adentro, ni siquiera los asambleístas que han aprobado dicho acuerdo.
 
Éste no es un problema de Gobierno ni de la oposición y no debiera verse desde ese punto de vista (que ahora tiene mucho de emocional) porque es un gravísimo problema para la supervivencia de El Alto y sus alrededores, y de inseguridad nacional. Veamos:
 
Después de lo ocurrido en Chernobyl (la poderosa Unión Soviética), en Fukushima (el modernísimo Japón) y recientemente en Florida (¡los Estados Unidos!) es evidente que nadie está libre de un percance debido a movimientos telúricos, siempre con terribles consecuencias de larga duración (el año pasado todavía murieron más de 1.000 niños víctimas de lo que había sido la tragedia de Chernobyl). Japón sigue padeciendo las consecuencias de Fukushima (y reduciendo más y más plantas nucleares). Y lo de Florida todavía lo iremos viendo en los noticieros.
 
Pero, incluso en el caso de que en nuestro país no llegara a haber ningún percance sísmico, de lo que sería imposible librarse es de las consecuencias de albergar en él la basura nuclear. Es decir, que en lugar de ser el centro energético de Sudamérica nos convertiríamos en el basurero nuclear del continente. 
 
No sólo El Alto y alrededores padecerían una creciente contaminación atmosférica por gases radiactivos (y por partículas de uranio suspendidas en el aire), sino que, además, vería sus aguas superficiales contaminadas por el vertido de líquidos radiactivos. Y es que se sabe que la industria del uranio requiere inmensas cantidades de agua (que no es precisamente el elemento que sobra en El Alto). Y, finalmente, las tierras altiplánicas que rodean
El Alto también se verían seriamente contaminadas por la basura nuclear (se sabe por experiencia de otros países que a cientos de kilómetros de los reactores nucleares es imposible producir alimentos orgánicos  ni criar animales sanos).
 
El tema es demasiado serio para que pueda depender de una aprobación legislativa y menos en tiempo de enfrentamientos malsanos entre Gobierno y oposición, ni en tiempos de guerra contra la Alcaldesa de El Alto. El tema atañe a toda la población alteña y a las comunidades aymaras del  altiplano paceño. A fin de cuentas nos atañe a todas y todos. Nadie sale ganando con que la valerosa y admirada ciudad de El Alto acabe convirtiéndose en un nuevo Chernobyl…
 
¿Por qué, si Uruguay y Costa Rica han avanzado tanto en la generación de energías alternativas y sanas -la solar y la eólica-, nosotros nos tenemos que meter en la boca del lobo y del peor de los lobos?

Rafael Puente es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba. 
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