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Rafael Puente
Vamos a andar

¿Para qué queremos Defensor del Pueblo?

¿Para qué queremos Defensor del Pueblo?
Recordemos una anécdota. Cuando posesionaban al actual Defensor, el Vicepresidente le dijo textualmente: "Ya está usted posesionado, compañero, ahora esperamos que defienda al gobierno porque el gobierno es el pueblo”. Más allá de la inexactitud conceptual,  resultaba preocupante la actitud: no queremos un Defensor que nos ponga en apuros… Típica actitud estatal, según la cual la población tiene que someterse a la autoridad del Estado -la máxima es el Gobierno- ya que para eso la ha elegido. Entonces ¿para qué un Defensor o Defensora? 
 
No en vano el Defensor del Pueblo fue un invento escandinavo, donde el Estado siempre ha sido excepcionalmente respetuoso del pueblo y sus derechos. Por eso, en muchos países que han copiado el invento del Ombudsman, pero no desde esa actitud de respeto al pueblo, las correspondientes defensorías se han convertido en adornos burocráticos…
 
En Bolivia no ocurrió. Doña Ana María Romero inauguró la institución contradiciendo todas las expectativas del Gobierno (que suponía que de todos los candidatos/as ella sería la que menos problemas le iba a crear) y marcó una línea indeleble. Ese cargo se ha creado para defender a la sociedad civil de los eventuales abusos por parte del Estado (que nunca faltan) y el hecho de que su autoridad sólo sea moral (no tiene ninguna capacidad de coerción) la separa más del Estado y la refuerza.
 
En ese sentido, Rolando Villena fue consecuente y produjo un resentimiento en el Estado y sus diferentes representantes. Sabemos que hay también en la sociedad civil voces críticas que hubieran esperado mucho más del actual Defensor, pero la rabia con que los voceros gubernamentales lo descalifican, lo acusan de haber hecho una gestión político-partidaria y otros desatinos, nos muestran que nomás optó por defender los derechos del pueblo ofendido y agraviado -el caso del TIPNIS es el más expresivo-. De manera que todos esos ataques sirven para mostrar una tendencia que no es sorprendente pero sí preocupante: la de buscar ahora un Defensor o Defensora que no le cree más problemas al Gobierno, más bien que sea su aliado y "lo defienda”. 
 
Por eso en la apresurada convocatoria se permite que tenga militancia partidaria (para que pueda ser alguien del MAS, por tanto incondicional). Y con esto no estoy coincidiendo con la oposición, que insiste en la formación académica como condición, cuando todos y todas sabemos que esa formación no garantiza nada (podríamos citar centenares de ejemplos).
 
Planteadas así las cosas nos preguntamos: ¿tiene sentido gastar energías y dinero en una institución que no va a aportar nada a la vida del país? Porque el Gobierno ya tiene de sobra quienes lo defiendan (incluso hay un Procurador General del Estado, sin contar a la Policía y a todas las instituciones coercitivas que padecemos). En realidad, el Defensor o Defensora del Pueblo debería ser elegido por el pueblo, no por una Asamblea Legislativa, y menos por una Asamblea totalmente controlada por el partido de gobierno.
 
 Así las cosas, resulta por lo menos reconfortante la noticia de que María Galindo se presenta como candidata a Defensora del Pueblo, ya que, por lo menos, nos da la oportunidad de comparar lo que podría hacer ella y lo que va a hacer el candidato o candidata oficialista. Porque María se ha pasado toda su vida adulta defendiendo a los sectores más oprimidos -entre los que destacan las mujeres víctimas del patriarcado- y no defendiéndolas con la mera argumentación legal y desde un pódium académico, sino defendiéndolas en la calle, enfrentándose físicamente con la Policía y con quien hiciera falta; pero, a la vez con argumentos irrefutables, consecuente con las consignas de la descolonización y la despatriarcalización, cada vez más relegadas al olvido por los organismos estatales.
 
Ese tipo de Defensora es el que necesitamos ahora. Para empezar otra vez una mujer, una mujer decidida y valiente, una mujer sin militancia partidaria, pero con ideología revolucionaria. Una mujer libre y consecuente a la que nadie puede someter, una mujer que además no tiene marido…
 
Dado que desde la sociedad civil lo único que podemos hacer es expresar nuestro apoyo a algún candidato o candidata -además de agradecer la valentía de Rolando Villena-, ¡apoyemos a María Galindo!


Rafael Puente es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba.
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