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¿Seguiremos mercantilizando a la Madre Tierra?

¿Seguiremos mercantilizando a la Madre Tierra?
Ha empezado a salir información preocupante sobre el gran proyecto hidroeléctico de El Bala (más concretamente Chepete-El Bala), del que -se  asegura - generará enormes recursos económicos (por exportación de electricidad),  costará más de 7 mil millones de dólares y que creará el lago más grande del país, después del Titicaca (y suponiendo que el Poopó ya no existe).

A mucha gente le puede parecer una gran noticia, por su magnitud, por su rentabilidad, porque sitúa a Bolivia como un país capaz de encarar proyectos tan ambiciosos, como los de su vecino Brasil… Sin embargo, las personas que saben del tema, que lo están estudiando y que, además, tienen criterios sobre sus consecuencias ecológicas, se muestran sumamente preocupadas. Hemos leído las opiniones del economista Vladimir Gutiérrez, del biólogo Enrique Richard, del filósofo Franz Gutiérrez, de la abogada ambientalista Paola Cortés, y del siempre estudioso Pablo Solón y, realmente, la perspectiva es muy preocupante.

El primer problema es el humano. Se verán afectadas alrededor de 4.000 personas (a las que nadie garantiza qué va a ser de sus vidas); más de 200 familias Tacanas se encontrarán de pronto con su cosmovisión destrozada, sin peces que pescar y amenazadas por los mosquitos del zika, el dengue, la malaria y la chikunguña (que encontrarán en ese lago artificial un criadero feraz). También el turismo se verá afectado en las regiones de Rurrenabaque y San Buenaventura.

Pero el segundo y más grave problema es el ambiental. El lago hará desaparecer 68 mil hectáreas de bosque y aunque primero se lleve a cabo un proceso de deforestación, la masa vegetal ahogada por el agua producirá tremenda cantidad de gases de efecto invernadero, pero, además, con gas metano (que es mucho más nocivo que el famoso dióxido de carbono) se producirá la migración masiva de especies endémicas y la desaparición de la pesca, y, en general, se afectará el ciclo natural, no sólo en nuestra Amazonia, sino en toda la región.

Y la justificación de toda esa catástrofe ecológica es la rentabilidad del proyecto que, además, no parece tan segura (Brasil se está dotando ya de megarepresas similares). Pero aunque así fuera, ¿no estamos asistiendo a una auténtica mercantilización de la naturaleza? ¿Es eso coherente con la visión que ha difundido en el mundo entero nuestro Presidente sobre los derechos de la Madre Tierra? ¿No nos vamos a dar por enterados/as de la crisis ambiental que ya vivimos, sequía y cambio climático incluidos? ¿Realmente queremos suicidarnos como país?

Lo menos que se podría pedir a las autoridades pertinentes es una verdadera consulta vinculante, previa e informada, pero no sería suficiente consultar sólo a la población directamente afectada, sino al conjunto de la población del país. Respecto de la región de El Bala, el ministro responsable afirma que "sí hay apoyo social”. Pero sabiendo cómo se pregunta a las comunidades si apoyan o no un proyecto (recordemos la consulta del TIPNIS), es imposible confiar en esa aseveración. 

Tenemos, como ciudadanos y ciudadanas, todo el derecho de exigir una verdadera consulta -acompañada de información completa, y sin ningún tipo de afeites-, además una consulta realmente previa (antes de empezar ha firmar contratos ni a gastar dinero del Estado prematuramente) y, por supuesto, una consulta cuyos resultados sean vinculantes para el Gobierno. Y que nos digan francamente si todavía creen que nuestro horizonte es el Vivir Bien (que incluye como primer elemento el cuidado de la Madre Tierra) o si vamos a seguir desbarrancándonos por ese precipicio del desarrollismo.

¿Cómo la ven señores ministros del área y señor Presidente del Estado Plurinacional?

Rafael Puente es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba.

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