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Rafael Puente
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Cuando la comunidad se vuelve horda

Cuando la comunidad se vuelve horda
Los últimos acontecimientos de Achacachi son realmente preocupantes ya que parecen expresar una tendencia generalizada a la degradación de nuestras comunidades indígenas-originarias. Resulta que ante la inconducta de un alcalde que se negaba a rendir cuentas, los vecinos de Achacachi agarran piedras y palos e, incluso, queman la casa del alcalde. Y como el alcalde es del MAS, los Ponchos Rojos del municipio acuden en su defensa y proceden a saquear casas y tiendas, y se arma una guerra civil en miniatura. Por su parte, la Policía recién se entera, a mediodía, que su misión es preservar el orden…
 
Hasta aquí un hecho lamentable, que por lo demás se encuentra en fase de negociación y que podríamos esperar que fuera una anécdota pasajera. Pero resulta que simultáneamente ha pasado lo mismo en Quime, cuando vecinos indignados con el alcalde lo sacan a golpes de la Alcaldía, junto con sus concejales. 
 
Al leer estas noticias no se puede dejar de recordar lo ocurrido hace poco más de un año, cuando se produjo el incendio alevoso de la Alcaldía de El Alto -donde se llegó a asesinar a seis funcionarios/as- con la evidente complicidad del viceministro de Gobierno y de la Policía…
 
Y puestos a recordar, se nos viene a la memoria el absurdo enfrentamiento del 2010 -¡por una fábrica de cítricos!- entre comunidades  de Caranavi, que produjo varias muertes injustificables. Y mirando más atrás, no podemos olvidar el asesinato del Alcalde de Ayo Ayo como resultado de una pelea entre la ADN y la UCS. A todo ello podemos sumar los constantes enfrentamientos entre comunidades por límites intermunicipales o interdepartamentales, así como el crecimiento de los linchamientos (a título fraudulento de justicia comunitaria).
 
¿Qué ha pasado o qué está pasando para que nuestras comunidades originarias muestren esa tendencia a comportarse como hordas delincuenciales? ¿Cómo explicar la pérdida de algo tan esencial a nuestras comunidades como era la capacidad de resolución pacífica de conflictos? ¿De qué sirve el nuevo Estado Participativo si esa "participación” deriva en saqueos, quemas y muertes, como si no hubiera normas e instancias judiciales y de intermediación? 
 
Al respecto, no puedo dejar de recordar a una concejala aymara de Ayo Ayo que dijo por televisión que lo ocurrido en su municipio era "fruto de la Participación Popular”… Y no en el sentido de que la Participación Popular fuera en sí misma negativa (nadie puede negar que tuvo contenidos interesantes), sino porque en los hechos incorporó a los partidos políticos a la vida de las comunidades. Y, efectivamente, tenemos argumentos para afirmar que el concepto mismo de partido es incompatible con el concepto de comunidad. La comunidad es la forma natural de organización humana, mucho antes de que las comunidades se vieran insertas en eso que llamamos "Estado”. Y el propio Lenin define al partido como "germen del futuro Estado” (y por tanto como incompatible con la comunidad).
 
¿No será esa creciente presencia de los partidos lo que está transformando a nuestras comunidades en hordas? No es casualidad que el Alcalde de Achacachi le eche la culpa de lo ocurrido al partido del gobernador Patzi y que el Alcalde de Quime le eche la culpa al partido del alcalde Revilla, y, por supuesto, que se achaque al MAS el incendio de la Alcaldía de El Alto. Al margen de que tengan culpa o no, es significativo el reflejo de achacar estas agresiones salvajes a un partido. 
 
Por lo demás, no olvidemos que la CSUTCB, en su congreso de  1995, en Santa Cruz, formuló acertadamente que "los partidos políticos no sirven, los de derecha porque son nuestros enemigos, los de izquierda porque no nos comprenden”, y, en consecuencia, deciden fundar un instrumento político (no un partido) que con el tiempo se llamaría MAS. Sin embargo, ese instrumento acabó convirtiéndose en partido (sus estructuras y funcionamiento no difieren nada de la UCS, por poner un ejemplo) y, por tanto, los males causados por la Participación Popular -vía partidos- suman y siguen.
 
¿No será urgente pensar por el momento en un Estado sin partidos (para luego pensar en unas comunidades sin Estado)?

Rafael Puente es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba.
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