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Rafael Puente
Vamos a andar

¿Vuelta a la energía nuclear?

¿Vuelta a la energía nuclear?
Cuando ya respirábamos tranquilos con el dato de que se postergaba sin fecha el proyecto de instalación de una planta de energía nuclear en El Alto, nos encontramos con la noticia sorpresiva de que el embajador de Rusia en Bolivia, don Alexey Sazonov, se estaba reuniendo con el ministro de Energía, Rafael Alarcón, para "afinar detalles” sobre la construcción del Centro de Investigación y Tecnología Nuclear, siempre en El Alto de La Paz, un proyecto que llevará a cabo la empresa rusa Rosatom. Se habla incluso del estudio de suelo y del inicio de obras, o sea que la cosa va en serio. Sin embargo, hay un montón de temas que no aparecen en la noticia y sobre los que tenemos el derecho de preguntar:
 
Primero: ¿cuánto costará ese proyecto? Un Estado que no puede cubrir las necesidades básicas de salud de su población ¿puede gastarse miles de millones en un centro de energía nuclear? ¿O es que ahora nuestro modelo es Corea del Norte?
 
Segundo: ¿cuánta agua va a consumir cada día el proyectado centro? ¿Existe esa agua en El Alto? Y si ahora no existe ¿de dónde se la va a sacar? En este momento de crisis generalizada del agua, ¿es responsable proyectar un centro de energía nuclear que inevitablemente va a consumir el agua que no tenemos?
 
Tercero: ¿qué garantías de estabilidad tectónica ofrece la zona de El Alto y de manera general la cordillera de los Andes? Por lo que sabemos, ninguna. ¿De verdad estamos dispuestos a generar un nuevo Chernobyl o un nuevo Fukushima?
 
Cuarto: ¿dónde va a ir a parar la basura nuclear de uranio? Uno de los datos con que no se contaba es que Rusia no piensa llevarse esa basura y podemos estar seguros de que ningún país la va a querer. ¿Se quedará en El Alto o en alguna otra región tendrá que cargar con ese muerto?
 
Claro que la primera respuesta a estas preguntas es que por ahora sólo se trata de un centro de investigación (ahí las becas para 20 estudiantes bolivianos en Rusia) y que por tanto el proyecto no necesariamente tiene que responder a dichas preguntas. Pero no seamos ingenuos, si se investiga no es por el gusto de que algunos profesionales bolivianos sepan mucho del asunto, el único sentido de la investigación es ponerla en práctica. De no ser así la contraparte de Rosatom sería el Ministerio de Educación y no el de Energía. Y que tampoco nos vuelvan a decir que el proyecto se orienta exclusivamente al uso medicinal de la energía atómica, porque en ese caso la contraparte sería el Ministerio de Salud. Si la responsabilidad la asume el Ministerio de Energía sólo se puede entender que el proyecto apunta a la generación de energía nuclear y, por tanto, son pertinentes las cuatro pregunta planteadas, y probablemente muchas más…
 
 En este momento nuestro país tiene una serie de necesidades insatisfechas: la de la atención universal de salud (ya mencionada); la de la soberanía alimentaria (que es urgente mencionar, puesto que disminuye cada año); la de mejorar nuestro nivel educativo; la de garantizar agua potable para toda la población y agua de riego para las comunidades campesinas; la de la industrialización y sustitución de importaciones; la de mejorar y modernizar muchos servicios públicos (ahí el SEGIP, y Migración, y la Policía); la de transformar el sistema de justicia (que entre otras cosas requiere también presupuesto); etcétera… Y con todos esos temas pendientes ¿nos vamos a gastar la plata que no tenemos en un proyecto de energía nuclear, que además supone una amenaza mortal para nuestro medio ambiente? No se entiende.
 
Por favor, compañeros del Gobierno, por lo menos piensen en ustedes, en que van a cargar históricamente con la responsabilidad de haber generado un catástrofe nuclear para la que estamos menos preparados que nadie…

Rafael Puente es miembro 
del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba. 
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