La Paz, Bolivia

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Así que la ciudadanía universal…

Así que la ciudadanía universal…
Si la información difundida es correcta, parece que para el 20-21 de junio nuestro Gobierno está convocando -otra vez en Tiquipaya- a una Cumbre Mundial sobre la "ciudadanía universal”. La iniciativa no deja de ser enormemente creativa y se la puede calificar de revolucionaria. Porque si algo resulta a estas alturas inhumano  -es decir contradictorio con el concepto mismo de humanidad- es la artificial división de pueblos y culturas en diferentes "ciudadanías”, y la consiguiente instalación de fronteras entre unos pueblos y otros, y la exigencia de pasaportes y visas (y pagos) para poder trasladarse al territorio de otra ciudadanía; todo lo cual afecta gravemente a cientos de millones de seres humanos que no logran sobrevivir en su territorio ancestral y necesitan migrar a otros territorios más afortunados.

Por tanto, la idea de nuestro Gobierno de proponer a los demás países del mundo la supresión de esas "fronteras ciudadanas” -algo absolutamente coherente con lo que debería ser este Estado Plurinacional y con sus principios formulados en la actual Constitución, ¡y saludablemente opuesto a la visión del Sr. Trump!- resulta sumamente atrevida y por eso mismo digna de todo apoyo (y comparado con eso deja de tener importancia el sacrificio de los pobladores de Tiquipaya, que una vez más nos quedaremos bloqueados por dicha cumbre…).

Pero la pregunta inevitable que nos tenemos que hacer es la siguiente: si realmente nuestro Gobierno está convencido de que debemos apuntar a una "ciudadanía universal” ¿por qué seguimos tratando a forasteros y forasteras como indeseables, como sospechosos o sospechosas, y en el mejor de los casos como esponjas a las que hay que apretar para que suelten dinero? El Servicio de Migración es cualquier cosa, menos un servicio; en la práctica es una maraña de dificultades, de papeles, de certificados, de plazos y de pagos, que parecieran apuntar a todo lo contrario de la "ciudadanía universal”.

A jóvenes que llegan de Europa o de los Estados Unidos para realizar en Bolivia tareas de voluntariado se les complica la vida como si estuvieran viniendo a llevarse nuestros hidrocarburos y se les cobra una multa por cada día que se pasen del plazo de estadía previsto por la visa. Y últimamente se ha inventado el "impuesto al turista”, que puede ser una idea rentable (digna de nuestro Ministerio de Hacienda), pero que no tiene nada que ver con el concepto de "ciudadanía universal” y ni siquiera con una promoción efectiva del turismo…

Y a eso se añade la facilidad con que descalificamos a personas meritorias y que han entregado su vida al pueblo boliviano, sólo por el hecho de que expresan opiniones críticas respecto al Estado y de sus normas (y de sus aberraciones) a pesar de haber nacido en otro Estado. O sea que de "ciudadanía universal” nada. ¿No sería interesante que antes de convocar a esa cumbre mundial nos pusiéramos de acuerdo entre nosotros y nosotras respecto de su contenido y empezáramos a practicar ese concepto en nuestra vida cotidiana, y en la organización de nuestro propio Estado?

De todas maneras esperamos esa cumbre con ganas y algo de esperanza, pero no podemos dejar de temer que la propuesta de la "ciudadanía universal” acabe siendo un eslabón más en la cadena de contradicciones y frustraciones que venimos arrastrando desde la fundación de este nuevo Estado Plurinacional que se inauguró el 22 de enero de 2009, cadena en la que podemos mencionar como ejemplos más importantes los conceptos frustrados de "plurinacional”, de "descolonización”, "derechos de la Madre Tierra”, del "Vivir Bien” (que debería desplazar el horizonte del desarrollismo), de "Estado transparente y participativo”…

Para terminar me atrevo a afirmar que, aún a riesgo de sufrir esa nueva frustración tendrá pleno sentido apoyar esa cumbre y participar de ella, ya que en sí misma no dejará de ser inspiradora (para nosotros/as y para todo el mundo).

Rafael Puente es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba.  
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