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Rafael Puente
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Debatir o no debatir, ¿ésa es la cuestión?

Debatir o no debatir, ¿ésa es la cuestión?
Realmente la situación resulta bastante penosa. Después de la conferencia de prensa que reunió a diferentes dirigentes de oposición, nada menos que el Vicepresidente los reta a debatir públicamente sus puntos de vista, y tres de dichos dirigentes asumen el reto, piden que el debate sea cuanto antes. Pero entonces aparece el Presidente afirmando que con la oposición no se debate, que él sólo debate con las organizaciones sociales… Para empezar, el Vicepresidente queda asaz descolocado, ¿o será que el Presidente quiso decir que eso de debatir con opositores está bien para el Vice pero no para él?

Pero más allá de esta situación equívoca, el tema de fondo es la validez del debate como tal. Por supuesto, ninguno de los opositores que se reunieron en dicha conferencia tiene mucho que decir (recomiendo releer la columna de María Galindo publicada en este mismo diario anteayer); varios ya fueron gobernantes y es probable que no  digan nada nuevo; otros son gobernantes autónomos locales ahora, y tampoco parece que tengan ideas novedosas. 

Pero igual, son ciudadanos -más o menos connotados- y valdría la pena debatir con ellos, aunque sólo fuera para comprobar que efectivamente no tienen nada nuevo que proponerle al país. Además, en términos generales, podemos afirmar que el debate político es un elemento importante de la participación política, que es uno de los puntos flacos de este Estado Plurinacional, que empezó siendo también un Estado Participativo -ahí la gran calidad de la Asamblea Constituyente- y luego pasó a ser un Estado obediente y sumiso.

Por eso, cuando el Presidente afirma que sólo tiene sentido el debate con las organizaciones sociales, no parece ser consciente de que en dichas organizaciones nadie está dispuesto a debatir con él; más aún, todos los interlocutores del presidente Evo (que son muchos, y cotidianos) se limitan a decirle lo que calculan que el Presidente quiere escuchar, y no lo que ellos o ellas piensan. La consecuencia es que Evo está condenado a escucharse todo el tiempo a sí mismo y eso no es saludable, ni para él, ni para la democracia como tal. Por tanto, le vendría bien un poco de debate, por lo menos con dirigentes opositores. Resulta malsano el diálogo exclusivo con gente que piensa lo mismo que uno (o, peor aún, que finge pensar lo mismo).

Lo más grave es que ese rechazo del diálogo -o del debate, que es un diálogo en controversia- hace años que se está volviendo casi un principio de nuestro Gobierno. La última negativa de la Ministra de Salud a dialogar con el Colegio Médico está derivando en un paro nacional que no les hace ningún bien a miles de pacientes. Lo mismo ha pasado con el magisterio. Y personalmente no creo que ni el magisterio ni el Colegio Médico vayan a tener razón en sus demandas, pero son parte de la sociedad civil y, por tanto, tienen derecho al diálogo, al debate, y al desacuerdo con las respectivas autoridades. Lo mismo se puede decir de la COB y de los comerciantes minoristas, de los artistas musicales que se resisten a pagar impuestos, y de las personas con discapacidad…

Cerrarnos al diálogo, y al debate, es un error que atenta contra la democracia y también contra nuestro crecimiento como personas, y como sujetos de la vida política. Escucharnos entre nosotros y nosotras, como ciudadanos, y ciudadanas es parte de la construcción del futuro y parte de una educación saludable para nuestros hijos e hijas. 

¡Ánimo, Vicepresidente! Métale al debate con esos tres dirigentes de oposición que han aceptado su reto, usted que todavía no tiene que cuidar su garganta... Denos el gusto de desbaratar públicamente los argumentos de los opositores. Y ojalá a partir de ahí podamos asistir también a debates internos entre los que apoyamos el proceso de cambio y ustedes que lo conducen…

Rafael Puente es miembro  del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba.
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