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Rafael Puente
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Poder Judicial, ¿será que no aprendemos?

Poder Judicial, ¿será que no aprendemos?
El funcionamiento del Poder Judicial en Bolivia siempre fue dramático (burocracia, corrupción, sometimiento a otros poderes políticos y económicos), de manera que las novedades establecidas por la nueva Constitución -sobre todo la elección por voto popular de las autoridades judiciales más importantes- creó grandes expectativas y fue uno de los elementos que permitieron que expertos europeos calificaran nuestra Constitución como la más avanzada del planeta…

Sin embargo la primera experiencia fue un fracaso, primero por la forma cómo se calificó a los candidatos y candidatas, pero también por la falta de elementos de juicio a la hora de depositar el voto. El resultado es que muchas de las autoridades elegidas no hicieron más que decepcionar a la sociedad (los males endémicos seguían presentes: incompetencia, burocracia, corrupción), pero sobre todo porque quedó a la vista el permanente sometimiento del Poder Judicial al Poder Ejecutivo. 

Pero lo peor de todo fue que al aparecer algunas autoridades que sí resultaban novedosas, por su capacidad profesional y su independencia de criterio -el caso paradigmático fue don Gualberto Cusi-, el Poder Ejecutivo se ensañó con él hasta el extremo de someterlo a un juicio inaceptable y encima divulgar sus problemas íntimos de salud, y hoy aparece como un ciudadano sometido a la muerte civil… Que yo sepa nunca había ocurrido algo similar.

Y ahora que nos preparamos para una segunda elección popular de dichas autoridades, y que sí parece existir una suficiente conciencia respecto de la urgencia de corregir procedimientos, asistimos a la elaboración de nuevos reglamentos y a la preparación de una nueva metodología de selección de candidatos. Se nos informa que la comisión correspondiente está preparando un proceso de preselección serio, con participación de delegados/as del CEUB, sobre la base de puntuaciones obtenidas en términos de currículum (40%, lo que incluye formación académica y producción intelectual), de examen escrito (30%) y de entrevista (30%). A pesar de la escasa confiabilidad del sistema universitario (basta con observar, por ejemplo, quién es el Rector de la UMSS), parecería que se están preparando las acondiciones para un proceso de preselección más objetivo y confiable.

Sin embargo, la pregunta clave es la que se refiere a quién va a tomar la decisión final (sobre la base de todas esas calificaciones) a la hora de conformar la lista de candidatos. Y resulta que será nomás la Asamblea Legislativa (la delegación del CEUB opina y a lo mejor califica, pero no vota), y se prevé que la correspondiente comisión legislativa estará compuesta por una mayoría de asambleístas del MAS. Y ése es el elemento decisivo, los votos a favor de cada candidato o candidata. Y a partir de ese elemento cabe prever que la lista final será nomás una lista de confianza del partido de Gobierno. Por tanto, seguimos apuntando a un Poder Judicial sometido al Legislativo y por tanto al Ejecutivo…

¿Será que no aprendemos? No sólo no aprendemos de la amarga experiencia nuestra de estos años; parece que tampoco de la experiencia venezolana, donde el mayor error cometido por el bando chavista fue la inhabilitación del Poder Legislativo (con mayoría opositora) por parte del Poder Judicial (controlado por el Ejecutivo), cosa que desacreditó seriamente al gobierno de Maduro y provocó la dramática situación que viven ese país y ese proceso tan hermanos del nuestro…

¿Qué pasa? ¿No confiamos en nuestro pueblo, hasta el extremo de querer manipular su voto? ¿Creemos realmente que la única forma de gobernar es acumulando todos los poderes y evitando de antemano que pueda haber criterios diferentes? ¿Le tenemos tanto miedo a una oposición, que hasta ahora sólo ha mostrado su escasa capacidad política?

Pero, sobre todo, ¿de qué sirve el voto popular si electores y electoras carecen de criterios a la hora de votar y, sobre todo, carecen de candidatos dignos de su confianza? ¡Es urgente que aprendamos las lecciones propias y ajenas!

Rafael Puente es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba. 
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