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Rafael Puente
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¿Dónde queda el carácter Plurinacional de nuestro Estado?

¿Dónde queda el carácter Plurinacional de nuestro Estado?
Hace unos días se supo que una autoridad del Estado impidió la participación de dos pueblos indígenas en un evento que se autoconsideraba plurinacional, y hace menos días circuló un pronunciamiento firmado por representantes de diferentes pueblos indígenas -muchas de ellas femeninas- en el que señalaban una serie de atropellos a sus derechos y a su dignidad, entre ellos la intervención ilegal de sus territorios, la persecución de dirigentes, la creciente contaminación ambiental, la ampliación permanente de cultivos transgénicos, la desarticulación y fragmentación de organizaciones (llegando a la creación de organizaciones indígenas paralelas, con apoyo gubernamental), el ingreso de empresas transnacionales a territorios indígenas (con argumentos de desarrollo)…

Se trata de una larga serie de acusaciones que no parece que sea fácil desmentir y que, evidentemente, constituyen violaciones a los artículos 2 y 30 de nuestra Constitución. Las mencionadas organizaciones indígenas firmantes terminan exigiendo la paralización de los megaproyectos desarrollistas y rechazando la validez de las "consultas previas” que no son constitucionales, y que con frecuencia sí son manipuladas.

Todo esto resulta inaudito en un Estado que se autodenomina Plurinacional y que, por tanto, pretende haber refundado este Estado nuestro que en 1825 "se fundó mal”; es decir, como continuación del viejo Estado colonial. Y éste parece ser un tema imprescindible de reflexión, pues cada vez está más a la vista que ese carácter plurinacional -es decir descolonizador- de nuestro nuevo Estado se entiende mal. 

Hubo autoridades que expresamente dieron a entender que la descolonización consiste en olvidar o ignorar todo el arte y la cultura que se desarrollaron en los 184 años de vida del anterior Estado. No faltaron voces que dijeron que para "descolonizarnos” tendríamos que empezar por cambiarnos de apellidos. Y son pocas las expresiones y las directrices que apunten al fondo de la cuestión, que es la superación de la mentalidad colonial; es decir, a dejar de pensar que existen pueblos de primera y pueblos de segunda, y el resultado es que dicha mentalidad sigue vigente…

Ya lo vimos en el caso del TIPNIS, donde  nada menos que el secretario ejecutivo de la CSUTCB (Roberto Coraite) afirmó por la tele que "esos salvajes” (refiriéndose a los pueblos indígenas de Tierras Bajas) "no saben lo que les conviene, nosotros les vamos a tener que explicar” (frase digna de Francisco Pizarro) sin que nadie (ni del Gobierno, ni del MAS, ni de la CSUTCB) lo mandaran a callar; de la misma manera que nadie ha censurado al viceministro que no permitió la participación de algunos pueblos indígenas en el evento del que hablábamos al principio.

Pero además esta falta de comprensión de lo plurinacional -como era de esperar- lleva a la incomprensión del Vivir Bien (ahí el ímpetu creciente de su antípoda que es el desarrollismo), como lleva también al absoluto irrespeto de los derechos de la Madre Tierra (ahí el ímpetu creciente del extractivismo y similares).

Si seguimos así ¿no estamos perdiendo la esencia de este proceso de cambio? ¿No estamos arriesgando la pérdida de lo mejor de nuestras culturas indígenas, que eran precisamente la fuente de las grandes innovaciones de este proceso -la descolonización, el Vivir Bien y la defensa de la Madre Tierra-? ¿No resulta urgente una amplia campaña de reflexión sobre el último pronunciamiento de las mencionadas organizaciones indígenas? Usted ¿qué piensa?

Rafael Puente es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba.
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